Archivos para la categoría: Surtido

Este 2012 pasaron muchas cosas, pero ninguna se compara con Amanda Luna.

Tenía 12 semanas y ya saltaba este pirigüín

Tenía 12 semanas y ya saltaba este pirigüín

18 semanas

18 semanas

30 semanas

30 semanas

Una hora de nacida

Una hora de nacida

Amanda-Luna

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Amanda abrió una puerta en mi cabeza y cuando miré ahí dentro, vi otras versiones de mí en las que Amanda no existía y no me gustó ninguna. En la mayoría soy un monstruo. En otras no mato a nadie pero tampoco soy un ángel. Cerré esa puerta, me quedé mirando a los ojos de Amanda y su sonrisa desdentada se fundió en mi corazón y bloqueó esa puerta para siempre.

Pero me quedé con la imagen de uno de mis alter egos, uno muy similar a quien soy, dibujada en un papel que se desvanece como las fotografías de mundos alternos en Volver al Futuro. Este sujeto, llamémosle Daniel, siente envidia cuando ve que las editoriales chicas y grandes siguen llamando a los mismos asegurados y lumbreras de siempre. Incluso anota y googlea los nombres nuevos, gente más joven que él que publicó algo en una revista alguna vez, o alguien de su misma edad que podría ser su amigo si no viviera en Puente Alto; y ahí están en una antología, los invitaron, participaron, los editaron y los publicaron.

Y Daniel, que es malo para sobar el lomo y pésimo para armar redes, se rebulle en una cama de espinas de sal porque el pequeño mundo editorial chileno es tan corrupto y mezquino. No es un autor que se sienta amarrado ni obligado por su pasado inmerso en la fantasía y ciencia ficción, “escribo de lo que me pidan” dice y piensa y mensajea por facebook, “y soy súper editable, no peleo por una coma o un adjetivo, en serio pueden contar conmigo”. Pero no lo invitan a ninguna convocatoria cerrada, no le dan la oportunidad de ser derrotado dignamente.

Y este Daniel dice “ya verán” con ira, igual que viene haciendo desde hace dos décadas, y todavía no logra que nadie vea nada. Su problema no es que escriba mal, al contrario, es la envidia de muchos que también escriben y es el objeto de admiración de otros que leen en su blog los consejos acumulados para escritores amateurs que no quieren ser amateurs. Daniel escribe bien, a la primera, y cuando pasa y repasa sus textos hace maravillas. Su problema, y él lo sabe, es otro: vive en un mundo irreal, en una ilusión, en la que él no tiene que demostrar nada a nadie; son los editores los que tienen que venir a su puerta a pedir permiso para republicar un texto viejo sacado de su blog.

Si su ego fuera comestible, Daniel podría nutrir una nación pobre de áfrica.

El papelito donde tenía ese dibujo espantoso de mi otro yo parece mojado, un paño con mocos que se seca con el viento. Amanda me sonríe desde los brazos de Lucía y el peso de esa imagen se transforma en abono para otras historias. Los monstruos quedan encerrados en una habitación sin puertas ni ventanas. Me siento liviano, mareado después de amputar un trozo tan grande de cerebro. Subo las escaleras y me tiendo a soñar despierto, para variar.

Amanda Luna

Los Edmundos 1

Los Edmundos son una rama recesiva de la especie humana, que se caracteriza por una autoestima insignificante y un estanque vacío donde acumular el ego artificial con el que nutren su organismo. En estricto rigor son personas normales, como usted y como yo, pero que se contagian fácilmente con el virus artificioso de la fama.

Un día cualquiera un Edmundo va por la calle, un productor salvaje aparece ofreciendo fama, fortuna y sexo con personas de otro universo. Y los Edmundos (que usualmente son hombres, pero también los hay en versión femenina) salivan como perritos de Pavlov cuando les tocan la campanita. A partir de entonces son carne para la molienda y en cosa de días se encuentran en un estudio, encerrados con otros Edmundos hambrientos, rodeados de cámaras y empujados a competir para permaneces un día más frente a las cámaras.

Para el resto del mundo son personajes en un Reality, que dista mucho de reflejar nada de nada de lo que ocurre en la realidad. El objetivo de estas máquinas de moler Edmundos es producir conflicto donde lo no hay, tensión sexual donde no se la necesita, y una gran cuota de banda sonora que condimente las horas y horas semanales de aburrimiento envasado.

Los Edmundos siempre caen enamorados a primera vista del pedazo de mina que les calzan delante, unas escort vip que son un deleite a la vista. Y es entonces cuando los perdemos. El Edmundo deja de ser el que era antes de caer en la trampa y a partir de ahora cree que su mundo ideal, el mundo en el que Dios le ha indicado que debe vivir, está detrás de una cámara de televisión. El Edmundo cree que declarando sus sentimientos hacia una actriz pauteada podrá obtener, tal vez, un minuto de afecto. Y al final eso es todo lo que necesita, un abrazo y su cara perdida entre esas tetas divinas.

Pero no, los demonios detrás de cámara, esos que se llaman a sí mismos “productores”, cambian las reglas del juego, agregan nuevos participantes, proponen pruebas que los Edmundos no pueden sortear. Les extraen del mundo ideal que habitaban y les dejan mutilados a merced de los elementos. Aquí los Edmundos, sin la adecuada guía de un pastor evangélico que sepa administrar el capital humano que representa, caen en la más absoluta perdición.

No es que se vuelvan indigentes de un día para otro. La indigencia se acerca día tras día, a veces se aleja, pero siempre llega. El Edmundo es invitado a programas de farándula, y le pagan por abrir la boca y decir huevadas. Esto se convierte en su deporte, si no dice huevadas, si no arma rosca, no tiene plata para comprar el pan al día siguiente.

Algunos Edmundos vuelven al anonimato. Pero pronto las deudas los obligan a hacer tratos con otros Edmundos para armar un tinglado en el que cada Edmundo inventa patrañas del otro. Se arman los “escándalos”, que no suelen durar más de una semana, y después vamos de regreso al anonimato, a animar eventos en discotecas pirujas del litoral central, a fingir que se está contento con la polola del colegio que acaba de reencontrar, cuando en realidad se pasa todas las noches recordando esas tetas y ese culo profesional que después de terminado el Reality jamás contestó sus llamados.

En su desesperación, un Edmundo sería capaz de envenenarse con dosis inocuas de paracetamol e ir a tenderse bajo algún monumento religioso. Con la atención lograda, podría evitar que sus acreedores le echen a patadas de la casa de 5 mil UF que se compró a 8 años.

¡No te rías! Nadie se libra de esta enfermedad genética, oculta en lo más profundo de tus sueños. Hay Edmundos gitanos, los hay pobres como ratas pero bien peinados, los hay de todos los colores y de todas las nacionalidades.  Se comunican con sonrisas temblorosas a través de la pantalla del televisor. El próximo Edmundo, podrías ser TÚ!!!