El Sindicato de la Policía YiddishPublicada en 2007 y ganadora de varios premios, entre ellos el Hugo, Nébula, Locus, Campbell y otros. Es una ucronía negra, donde la 2ª Guerra Mundial terminó muy distinto (la bomba atómica cayó sobre Berlín) y los judíos de Europa, la mayoría de ellos, acabaron en Sitka, Alaska, donde crearon su propio mundo y han vivido con ciudadanía prestada desde entonces.

Me costó entrar a la historia, no por su contexto sino por el lenguaje del narrador, el detective Meyer Landsman, que se pasó toda la novela haciendo analogías y recitando metáforas que me resultaron demasiado exóticas. No es problema de la traducción y quiero pensar que tampoco es problema mío, porque leí todo el libro y no tuve dificultades con el lenguaje; Al contrario. El problema es la decisión del autor, que usa ese lenguaje de Humprey Bogart judío que cuenta chistes mientras se  mete una pistola cargada en la boca. Es extraño, más apropiado para una película de género negro de bajo presupuesto y un guión que se filma tal como salió en el primer borrador.

No se confundan, la historia es tremenda, buena, absorbente, aunque a ratos confunde. Tiene ese problema constante de otros autores primitivos, que en este caso parece inevitable dada la marea de datos que tienen que desplegarse en la historia: la narración se detiene, pone pausa a la historia y aprovecha la oportunidad para contar muchas cosas acerca de otros temas relacionados. Luego vuele a apretar play y efectivamente nada ocurrió durante la digresión del narrador-protagonista.

Un judío aparece muerto en una habitación del hotel de malas pulgas donde vive Landsman. Él es el primero en llegar a la escena del crimen y se encuentra con un asesinato premeditado, un tablero de ajedrez y evidencias de que este judío probablemente es un Sombrero Negro. Con estas pistas, Landsman y su compañero Berko, que es mitad judío / mitad indio Tlingit, recorren la ciudad que huele a mojado y se siente fría incluso en verano, recogiendo pieas por aquí y por allá en el rompecabezas.

El objetivo del autor está claro para mí, dividido en dos metas: resolver el crimen (y de paso sacar algunos esqueletos del armario), y mostrarnos esta versión ucrónica del mundo judío en el que Israel no existe. En ambos casos lo logra, aunque la sensación de absorber información comprimida a presión es algo estresante.

No es Ciencia Ficción, tampoco es fantasía. Es una novela negra ambientada en un mundo de ucronía. Hay que leerlo con calma y puede que el humor procaz de los personajes (100% hollywoodense de los años 50) no sea muy agradable. La solución del crimen y la vida de Landsman en este mundo tenebroso de los judíos piadosos, son lo mejor del libro. Lo demás es un añadido necesario, aunque ya me olvidé de qué va.

Anuncios