Los Edmundos 1

Los Edmundos son una rama recesiva de la especie humana, que se caracteriza por una autoestima insignificante y un estanque vacío donde acumular el ego artificial con el que nutren su organismo. En estricto rigor son personas normales, como usted y como yo, pero que se contagian fácilmente con el virus artificioso de la fama.

Un día cualquiera un Edmundo va por la calle, un productor salvaje aparece ofreciendo fama, fortuna y sexo con personas de otro universo. Y los Edmundos (que usualmente son hombres, pero también los hay en versión femenina) salivan como perritos de Pavlov cuando les tocan la campanita. A partir de entonces son carne para la molienda y en cosa de días se encuentran en un estudio, encerrados con otros Edmundos hambrientos, rodeados de cámaras y empujados a competir para permaneces un día más frente a las cámaras.

Para el resto del mundo son personajes en un Reality, que dista mucho de reflejar nada de nada de lo que ocurre en la realidad. El objetivo de estas máquinas de moler Edmundos es producir conflicto donde lo no hay, tensión sexual donde no se la necesita, y una gran cuota de banda sonora que condimente las horas y horas semanales de aburrimiento envasado.

Los Edmundos siempre caen enamorados a primera vista del pedazo de mina que les calzan delante, unas escort vip que son un deleite a la vista. Y es entonces cuando los perdemos. El Edmundo deja de ser el que era antes de caer en la trampa y a partir de ahora cree que su mundo ideal, el mundo en el que Dios le ha indicado que debe vivir, está detrás de una cámara de televisión. El Edmundo cree que declarando sus sentimientos hacia una actriz pauteada podrá obtener, tal vez, un minuto de afecto. Y al final eso es todo lo que necesita, un abrazo y su cara perdida entre esas tetas divinas.

Pero no, los demonios detrás de cámara, esos que se llaman a sí mismos “productores”, cambian las reglas del juego, agregan nuevos participantes, proponen pruebas que los Edmundos no pueden sortear. Les extraen del mundo ideal que habitaban y les dejan mutilados a merced de los elementos. Aquí los Edmundos, sin la adecuada guía de un pastor evangélico que sepa administrar el capital humano que representa, caen en la más absoluta perdición.

No es que se vuelvan indigentes de un día para otro. La indigencia se acerca día tras día, a veces se aleja, pero siempre llega. El Edmundo es invitado a programas de farándula, y le pagan por abrir la boca y decir huevadas. Esto se convierte en su deporte, si no dice huevadas, si no arma rosca, no tiene plata para comprar el pan al día siguiente.

Algunos Edmundos vuelven al anonimato. Pero pronto las deudas los obligan a hacer tratos con otros Edmundos para armar un tinglado en el que cada Edmundo inventa patrañas del otro. Se arman los “escándalos”, que no suelen durar más de una semana, y después vamos de regreso al anonimato, a animar eventos en discotecas pirujas del litoral central, a fingir que se está contento con la polola del colegio que acaba de reencontrar, cuando en realidad se pasa todas las noches recordando esas tetas y ese culo profesional que después de terminado el Reality jamás contestó sus llamados.

En su desesperación, un Edmundo sería capaz de envenenarse con dosis inocuas de paracetamol e ir a tenderse bajo algún monumento religioso. Con la atención lograda, podría evitar que sus acreedores le echen a patadas de la casa de 5 mil UF que se compró a 8 años.

¡No te rías! Nadie se libra de esta enfermedad genética, oculta en lo más profundo de tus sueños. Hay Edmundos gitanos, los hay pobres como ratas pero bien peinados, los hay de todos los colores y de todas las nacionalidades.  Se comunican con sonrisas temblorosas a través de la pantalla del televisor. El próximo Edmundo, podrías ser TÚ!!!



Anuncios