IMPOSSIBRU !!!Esto será fácil de explicar con un ejemplo. A continuación describo en una línea simple de qué trata la historia que voy a contar. En este caso no da para hacer un logline, porque no hay una historia mayor detrás. Así que me salto el proceso y voy directamente a la escaleta.

Invierno, día frío y nublado. Juan sale de casa pensando en la mujer que ama; se encuentra con ella, pero la ignora.

Eso es una línea de una escaleta. Es una declaración de intenciones, presenta el contexto, los personajes y las acciones que los relacionan. Y es lo que hay que desarrollar.

Sé todo lo que necesito saber acerca de esa línea de la escaleta, voy a recurrir a mis experiencias personales para no perder el tiempo inventando lugares y personajes (sé de antemano cómo es Juan, ya trabajé su personaje. También sé como es la mujer que ama. Los inviernos fríos y nublados son los de mis años en la universidad, cuando tenía tiempo para poner atención al clima. El paisaje es el recuerdo de un lugar donde viví en mi infancia. Y la situación, Juan ignorando a la mujer que ama, es un tema recurrente de mi pasado adolescente).

Entonces voy a trabajar esa línea de la escaleta y la voy a convertir en un tratamiento. Esto es, en pocas palabras, poner otras piezas del esqueleto antes de agregar la carne.

  • Esa mañana fría de invierno, Juan salió de su casa preparado para la lluvia. Es un día como cualquier otro. Toda la semana fue igual de fría.
  • Es en días como ése cuando se siente más solo y es en momentos de soledad como éste cuando piensa en ella.
  • Imaginó que se la encontraba en la calle, abrigada como él con su paraguas en la mano, caminando rumbo al paradero de buses para ir a su trabajo. Ambos solían tomar la misma locomoción, así es como la conoció y así es como cayó enamorado de ella, aún sin saber su nombre.
  • Pues ahí estaba ella, esperando el bus. Juan se quedó helado, aún soñando despierto, viéndola desde lejos, oculto detrás de un árbol. Hoy le hablaré, pensó y la idea le llenó el pecho de un calor abrumador. Hoy le preguntaré su nombre y conversaremos durante todo el trayecto.
  • El bus se detuvo en el paradero, ella subió y Juan se quedó detrás de su árbol, soñando que ella lo llamaba para subir.
  • El bus se marchó con ella y Juan, afiebrado de amor, se quedó de pie a pocos metros del paradero, imaginando que ella hacía que el conductor se detuviera. Pero no ocurrió.

Cada línea de este tratamiento expresa la acción que se debe desarrollar para que la historia tenga orden y estructura. Sólo acción, más uno que otro detalle importante para el relato, por ejemplo los sueños patológicos de Juan, los efectos del día helado, etc. No es necesario hacer mayor esfuerzo en esta etapa, los acontecimientos se suceden y nada más.

En este punto es fácil cambiar el orden, agregar o quitar elementos. Y es preferible editar aquí, antes que el texto tenga cuerpo y las modificaciones que se deban hacer resulten extremas. Así se ahorra tiempo y trabajo. Personalmente prefiero trabajar la escaleta de principio a fin, antes de hacer nada más. Y trabajo los tratamientos de a uno cada vez. Pero es cosa de gustos y comodidad.

Y luego, con el tratamiento de la escena finalizado, paso a poner carne a este esqueleto.

Juan sale de la casa de sus padres cargando su bolso con cuadernos y fotocopias, muy abrigado, protegido por un impermeable negro que perteneció a su abuelo, algo gastado pero efectivo a la hora de evitar que la lluvia moje su enfermiza anatomía.
Es un día como cualquier otro, piensa intentando darse ánimo. Toda la semana fue igual de fría, con lluvias intermitentes y temperaturas que no superaron los trece grados celcius. Y pese a que los salones de su universidad tienen calefacción, el frío siempre encuentra la manera de subir por sus pantorrillas y hacerlo estornudar.
Es en días como éste cuando se siente más solo. Sus amigos en la universidad viven preocupados de las notas y los estudios, como debe ser, cuando el frío no da ánimos para salir y divertirse. Juan extraña las tardes sentado en la shopería de la esquina, conversando de la vida acompañado de una cerveza. Ahora cuando se reúnen en torno a un café, sólo saben hablar de calificaciones y estrategias para copiar en las pruebas. Es deprimente.
En días como hoy Juan sueña inevitablemente con Ella. Esta mañana fría que amenaza con un gran aguacero, imagina que se la encuentra en el paradero del bus, como ocurre todas las mañanas desde principio de año, vestida con su pantalón azul marino y chaqueta ajustada a la cintura. Dios, como le gusta ese uniforme. Si al menos supiera donde trabaja, iría gustoso hasta allá para encontrársela a la hora de almuerzo, una simple casualidad que diera pie a una conversación del tipo “te reconozco de alguna parte”.
Ambos toman la misma locomoción, así es como la conoció, hermosa, maquillada apenas pues su belleza natural no necesita mayores adornos, caminando por el pasillo del bus para sentarse detrás del conductor junto a la ventana, con pisadas suaves que la transportan como a un ángel entre las nubes. Así es como cayó enamorado de ella, la mujer más hermosa que camina en esta tierra, sin nombre, sin edad. Juan siempre baja en el paradero de la universidad y ella sigue en el bus, mirando por la ventana hacia la otra vereda, ignorando su existencia.
Y como todas las mañanas, ahí está Ella, de pie en el paradero de buses, esta vez cubierta con un impermeable blanco anudado a la cintura, destacando su busto generoso y las caderas de redondez sublime. Su melena negra reluce incluso en el escaso brillo gris de los amaneceres invernales.
Juan se queda helado, aún soñando despierto, mirándola desde lejos, casi oculto detrás de un árbol.
Hoy le hablaré, piensa y la idea le llena el pecho con un calor abrumador. Hoy le preguntaré su nombre y conversaremos durante todo el trayecto, sabré donde trabaja, reiremos juntos. Me sentaré junto a ella y hablaremos del barrio, de los estudios, de su trabajo. Sabré que vive con sus padres, que está soltera, que se siente sola como yo, que tenemos todo en común. Entonces la invitaré a tomar un café, seremos amigos, más que amigos. La invitaré a bailar apenas el clima mejore. Será una noche perfecta. Entonces la besaré
El bus se detiene en el paradero, Ella sube y Juan se queda detrás de su árbol protector, soñando con esos labios cálidos con sabor a frambuesas.
Un trueno lejano lo regresa a la realidad. El bus se va con Ella, la ve caminando por el pasillo y sentarse detrás del conductor, mirando por la ventana hacia la vereda de en frente, mientras él afiebrado de amor deja caer su bolso, elevando los brazos en un gesto de protesta silente, imaginando que Ella hace que el conductor se detenga para que Juan suba y se siente a su lado.
El bus se aleja dando tumbos por la avenida llena de grietas y Juan, cabizbajo, recoge su bolso y regresa a casa arrastrando los pies, sintiéndose enfermo. Su madre le preparará una sopa, le encanta la sopa.

En este punto me tomé todas las libertades que quise, imprimí a la historia mi estilo y mis recursos, incluso cambié el tiempo verbal (tal vez alguien se dio cuenta). La historia sigue la ruta trazada en el tratamiento, que a su vez representa la intención de la escena descrita en la escaleta. Si se tratara de una novela, ésta sería una escena de entre muchas más, con alrededor de 670 palabras. Y el resultado es el primer Borrador.

Con todas las escenas trabajadas, las escaletas desarrolladas y los tratamientos llenos con carne jugosa y algo de grasa, puedo hacer un trabajo fino y relajado de edición, corrigiendo los errores de estilo y las fallas de la historia, que pueden haber, por qué no. Es un Borrador solamente, el primero, y si mi trabajo fue ordenado y estructurado, es muy posible que el segundo o tercer Borrador sea el último.

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