The City & the City, de China MiévilleEs una fantasía urbana sorprendente, aunque para mi gusto todo aquello que le otorga un aura fantástica es decepcionante al final, no por completo, pero suficiente. El truco, así como los personajes deben no-ver la ciudad que está cruzando una línea imaginaria, es que el protagonista tampoco suelte la lengua acerca de aquello que debe no-ver y no-oír. Fascinante.

Lo que lamento es que no puedo decir los contras sin declarar un spoiler que eche a perder la novela completa a los ojos del lector. Por lo tanto en ese aspecto seré vago, por respeto a quienes no la han leído.

Resumiendo todos los contras en uno,  la novela no es ni fantástica ni de ciencia ficción, aunque instala la idea de lo sobrenatural e incuestionable en un lugar del planeta que podría existir y donde alguna vez en el pasado quizás habitó una cultura más avanzada que la nuestra.

Es una novela inteligente, la historia está muy cerca de la novela negra aunque imaginada para un público adolescente, una historia policial que incluye ese elemento sobrenatural intangible en su desenlace. Y a medida que la novela avanza y va desplegando estas ideas acerca de lo prohibido y lo no-visible a plena vista, se vuelve muy absorbente.

Imagina una ciudad, Santiago por ejemplo, y que en alguna parte hay una barrera imaginaria, del otro lado está otro Santiago, con otro nombre, con otras características culturales y de idioma, y aunque sabemos que está allí, no lo debemos mirar. No es tan simple como “ignorar” lo que está del otro lado de esta barrera, es algo tan complejo como engañar a tu cerebro y no-ver y no-oír lo que está ahí a plena vista y tú no debes mirar por ningún motivo. En algunas partes las calles se conectan, en otras los edificios están aquí y allá, la gente camina en una vereda haciendo de cuentas que en la otra vereda no ve nada. Lo que mueve a los habitantes a no transgredir esta ley básica es el miedo a un poder invisible que les observa desde siempre, que mantiene las ciudades separadas y ejecuta la ley sin miramientos. Si tú cruzas al otro lado, aún sin saber, estás jodido.

Y este extraño fenómeno instalado en la base contextual del ambiente y la cultura de los personajes y la historia, hace que la novela se destaque y haya ganado el Premio Hugo. Así nomás.

En el primer párrafo dije que me decepcionó al final. No puedo decir por qué sin el spoiler auto-censurado, pero es una decepción leve, es más un “pucha la lesera” en vez de un “puta la weá”, relacionado con la manera en que el autor trabajo mí psiquis durante la lectura para luego des-trabajarla. Es como el momento inevitable en que un niño descubre que en viejo Pascuero no existe.

Es una novela de las imperdibles. Creo que podría releerla dentro de algunos años y disfrutarla tanto como ahora, aunque sin la misma sensación de sorpresa. Son dos historias trenzadas con una tercera que las acompaña en silencio, de la misma manera que hay dos ciudades y una oculta en el medio. Y sobre todo lo demás, me hizo feliz reconocer la manera en que el autor trabaja estos elementos, demasiado obvio a ratos, pero sin soltar la trampa hasta el final. Benísimo.

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