The Stag Inn, 14, All Saints Street, Hastings

Said to be one of the most haunted buildings in Hastings.

Es lo más cerca que he estado de Tolkien desde que llegué a Inglaterra. Anoche fuimos con mi mujer a un lugar llamado The Stag Inn, in bar típico de Hastings que data del siglo de la pera y es el más antiguo de Inglaterra, de hecho. Nos dijeron que ahí los jueves se cantaba música folk, y aunque no somos fanáticos del folk, con mi mujer dijimos “qué tanto”, probablemente nos arrepentiríamos después por no haber ido.

Nos juntamos con dos amigas de Turquía y partimos. El Stag Inn está en el centro del old town de Hastings, en una zona donde se practicaba brujería (y donde quemaban a las brujas por ello) y donde habitaban muchos smugglers (contrabandistas), que eran una especie de lanzas flaites que operaban en el mar cercano. De hecho esta zona está llena de cavernas cavadas en la roca arenosa de los acantilados, donde los smugglers tenían sus escondites.

Volviendo a la historia, fuimos a este bar, entramos, y el lugar es tal cual como eran las casas de su época, remodelado en algunas oportunidades, porque no hay nada que dure para siempre intacto. Pero ciertamente el lugar mantiene esa arquitectura de lugar público donde la gente se reúne para beber.

En un muro junto a la chimenea hay una caja con tapa de vidrio en la que se exponen gatos y ratas momificadas. Nos advirtieron de esto, pero verlo en vivo es distinto. Son los restos de los animales disecados que usaba una bruja que vivió en ese mismo lugar, en la época que ahí sólo había una cabaña de un piso. La bruja fue quemada, como corresponde, mira que andar disecando animalitos… y después hicieron el bar. Cientos de años después alguien cavó para mejorar los cimientos, y ahí estaban los bichos secos, esperando a ser rescatados. Esa misma chimenea, cuando la desmantelaron en el siglo pasado para hacer mantención, tiene una compuerta que da a una caverna de los smugglers y en ella encontraron tesoros, obviamente. Cuenta la leyenda que un viejo capitán asesinado por una banda de smugglers ambiciosos, se aparece en ese lugar y atraviesa la chimenea para entrar a los túneles.

En este bar con mucha historia y con aire de Pony Pisador, el bar aquel donde Frodo y compañía se encuentran con Trancos por primera vez, pedimos unas cervezas y estábamos conversando y bebiendo los cuatro, acerca de nuestros países y las rarezas del clima y del paisaje, cuando un hombre con su jarra de cerveza comenzó a cantar. Una voz fuerte y clara. Y para nuestra sorpresa, el resto de los presentes le acompañó en la canción, pero sólo en los coros.

Wow, me dije yo, alguien se curó. Y apenas terminó de cantar otra persona inició una nueva canción, y el resto le coreaba. Canciones alegres en general, acerca de marinos y aventuras y amores lejanos. Y entonces comprendí lo que folk music significaba para esta gente. Es su música folclórica, música que data del siglo XV o anterior incluso.

Cantaron media hora, completa, cinco canciones que contaban historias, de una época en que la gente no sabía leer ni escribir. La imagen de los hobbit cantando y danzando en el Pony Pisador regresó a mi memoria. Y por un minuto, a causa de la cerveza supongo, me sentí en ese mundo. En el bar sólo había gente que venía a cantar o a oír canciones, ningún rosquero ni pendenciero, sólo hombres y mujeres por igual cantando a todo pulmón.

Y por fin todo tuvo sentido, las canciones en la obra de Tolkien, esa lata irrelevante y cursi, ahora tiene verdadero significado. Nos fuimos del bar apenas terminamos la primera cerveza, porque comenzaban a cantar las canciones tristes y la gente miraba al piso. Yo iba alegre, porque la cerveza y porque sí, Tolkien había regresado a mi vida.

Llegando a Chile lo leeré otra vez.

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