Llevo 10 años aprendiendo inglés por mi cuenta. Leo y escucho distintas variables del idioma sin problemas, veo películas y leo libros y desde hace años que no recurro a un diccionario. PERO NO SÉ (no sabía, ejem) HABLAR. Esto incluye escribir con soltura.

Mi Gaby necesitaba mejorar su inglés para su trabajo. Tenía vacaciones acumuladas y unas lukas ahorradas. Yo no tenía ningún trabajo fijo que me amarrara al territorio y también tenía mis lukitas. ¿Vámonos a estudiar inglés al extranjero? La decisión no fue tan difícil de tomar, todo dependía de cuánta plata teníamos y cuánto tiempo queríamos estudiar y pasear (y cuándo).

Elegimos Inglaterra porque está en Europa y queremos aprovechar el pique para pasear por la comunidad (€). Elegimos Hastings porque es la escuela más barata de entre las mejores en UK, tiene buen clima y es balneario, aunque la playa es un chiste, nadie se baña en esa cama de piedras. Nos asesoramos por Pamela Cabrera de Time Up y no tuvimos absolutamente ningún problema. En todo caso sale más barato ir a EE.UU., pero venir a Inglaterra es otra cosa, la gente y el ambiente, la experiencia es insuperable.

El viaje fue una tortura de 30 horas y en inmigración nos demoramos mostrando papeles (dónde vamos a estudiar, dónde vamos a vivir, cuánta plata traemos, cuánto tiempo estaremos, comprobante del pago del curso, los seguros obligatorios, etc). No se necesita visa para venir a estudiar por menos de seis meses. Pasamos susto, pero es lo normal. La posibilidad que nos mandaran para la casa era casi nula.

Del aeropuerto a Hastings dimos dos viajes: metro hasta la estación Victoria, un transbordo de por medio en esos trenes subterráneos que van por la pista equivocada, tratar de salir a la calle en hora alta con los tremendos bolsos por las escaleras; y caminamos hasta la estación de buses. El pasaje de bus estaba comprado de antemano por Internet. Ahí me equivoqué de destino cuando lo compré (dos paraderos antes) y el bus nos dejó a la mierda. Caminamos una hora de noche y con frío, y llegamos apaleados pero sanos. Gracias a mi manejo del inglés y a tener todos los pasos del viaje previamente planificados (errores incluidos), lo logramos.

Recomendación: al inscribir el curso, incluyan transporte desde el aeropuerto a la casa. No es barato, pero si no tienen manejo del inglés y/o es la primera vez en Londres, es para perderse. El metro de Londres es la locura espacial de una realidad paralela, en serio. Una vez que se comprende su mecánica primermundista todo se hace más fácil, pero ese primer acercamiento es para morir de miedo… y para que se te vaya el tren.

Esta casa donde nos alojamos es lo más barato que encontramos para un matrimonio, el costo incluye todos los gastos de la casa (luz, agua, gas, etc), no incluye comida ni implementos de aseo. La encontramos en Internet googleando la ciudad y resultó ser una buena elección, ayer llegó una chiquilla alemana y pronto llegará un saudí. A la hora de la ducha en la mañana es un caos, pero se soluciona con buena planificación y con duchas antes de dormir.

Comprar comida cuesta lo mismo que en Chile, mi Gaby sabe de esas cosas y los supermercados están llenos de descuentos y ofertas. Sale absolutamente más barato cocinar en casa que comprar el menú del casino de la escuela, que además es bien cargado a la fritura y el carbohidrato.

Estamos a quince minutos de la escuela, salimos a las 8.30, subimos una loma empinada y luego nos adentramos por unas rutas peatonales que pasan entre medio de las casas, la ciudad está llena de atajos. Esta sola caminata matutina es ejercicio suficiente para bajar de peso, el pantalón que me quedaba apretado cuando llegamos, ahora (dos semanas después) se me cae, suerte que tengo el queque gordo o me la pasaría mostrando la alcancía.

Llevo dos semanas sin fumar, los cigarros son caros acá y entre el ejercicio y el ahorro, no da para comprar puchos. Esta semana estuve con síndrome de abstinencia, jevi metal. Pero ya no. Y tampoco hay muchos recursos como para suplir el cigarro con comida. Sacrificios que tiene que hacer uno…

La escuela misma (Embassy CES) es bien chori, hay estudiantes de prácticamente todas las nacionalidades no angloparlantes de Europa y Asia, también África. Y pucha que hay colombianos, chico! El promedio de edad de toda la población estudiantil no supera los 22 años, y es normal tener compañeros de mi edad o adolescentes (desde 16 años). Es una mezcla bien interesante y en mi nivel (intermedio avanzado) hay poca gente que hable el mismo idioma y nos obligamos a hablar en inglés, incluso con los hispanos. Distinto es el caso de mi Gaby, que le tocó la primera semana con puros chiquillos colombianos que se la pasaban tonteando (para algun@s estos viajes lejos de la tutoría de sus padres son unas vacaciones de ensueño). Ahora su curso está más heterogéneo y así se aprende más rápido y mejor.

Hagan preguntas, porque a esta hora ya se me apagó la tele.

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