Recupero este post de un blog que hice el año pasado y que acabo de borrar.

Me pasa que leo a mis coterráneos y me dan unas ganas tremendas de editarles los libros. Así nomás, lo dije y qué. Ese libro que ya está publicado, que tiene buenas críticas de todos sus amigos y parentela, incluso de la indomable Patricia Espinosa, lo leo y le paso el lápiz por encima. No lo puedo evitar. Luego me miro al espejo y me río en mi propia cara de huevón, obvio, si tampoco soy una eminencia y me equivoco a cada rato.

Pero no se me quitan las ganas con eso. Puedo tomar esos ejemplos de otros textos y parafrasearlos aquí sin que se note de quién son, para ejemplificar el error y su posible solución.

MATA ESE ADJETIVO

Juanito elevó su plateada espada hacia el imponente sol y en un desbordante grito de furia desafiante, hizo ver a las hordas enemigas que el alto caballero del corcel blanco no era ningún pelagatos.

¡Me hierve la cabeza! Exagero, pero también me preocupo al leer tanto adjetivo todo juntito y apretujado. Si acepto que lo dicho en ese párrafo se entiende perfecto, que el objetivo de la comunicación en mi propio lenguaje sí se cumple… entonces cualquier otro argumento parece pituco. Pero la verdad es que al abusar del adjetivo, se demuestra falta de interés por decir las cosas bien a cambio de decirlas rápido.

Juanito apuntó su espada de plata hacia el sol en el horizonte y lanzó un grito tan poderoso que nadie entre las hordas enemigas pudo ignorar su desafío, demostrando con ese solo acto que el caballero sobre el corcel blanco no era ningún pelagatos.

Algo por el estilo. Primero identifiqué los adjetivos, luego dediqué algunos minutos a definir qué se quería decir en cada frase del párrafo (cuál era la historia de ese párrafo en particular), y al final lo reescribí completo, con la libertad de modificar todo lo que consideré necesario sin cambiar en esencia los elementos relevantes del mismo. El resultado no es lo mejor que pude hacer, pero quedó más potable que el original.

LOS PERSONAJES ACTÚAN

Juanito comenzó a salir de la habitación, donde había encontrado la espada que sería conocida como su alma gemela, y en el exterior le estaban esperando siete jinetes de muy malas pulgas.

Aquí tenemos la típica voz pasiva de pajarito nuevo. Yo la usé por muuuuchos años, dese que leí a Tolkien en adelante. Y sépase que el primer libro que leí por voluntad propia fue El Hobbit.

La voz pasiva presenta actividades en desarrollo que no se ejecutan o que “podrían estar ejecutándose” en la medida que la lectura avanza, hasta que otra acción del personaje la releva. Ejemplo de pasiva: “El hombre ha sido mordido por el perro”. En cambio la voz activa es la que presenta la acción efectiva, las cosas ocurren sin duda alguna. Ejemplo de activa: “Al hombre lo mordió el perro”.

Juanito salió de la habitación donde encontró la espada que se conocería como su alma gemela, y en el exterior le esperaban siete jinetes de muy malas pulgas.

Hay que admitir que la voz activa por sí sola carece de adornos y por ello necesita de un poco más de trabajo.

Juanito salió con cautela de la caverna húmeda cavada al pie de la montaña, en la que encontró hace años, tantos años que parecen siglos, la espada que se conocería como su alma gemela. Y al poner un pie afuera, vio sin asombro que le esperaban siete jinetes con armaduras negras y espadas curvas, todos con cara de traer muy malas pulgas, recortados contra la silueta de la luna llena en el horizonte.

Nuevamente exagero, parece una escena sacada de los 300, en cámara lenta y con harto subwoofer. Pero se entiende la idea. Y es también la diferencia entre el primer borrador y el segundo o tercero. En el primero las cosas ocurren. En el segundo, lo mismo más el color y sonido particular impuesto por la historia y el estilo del que escribe. Ya en el tercero las cosas se leen como tienen que ser.

Éste es también mi último post de marzo de 2011. Descanso para enfocarme en otras urgencias y si todo sale bien, en abril me conecto de nuevo. A gente se ve pronto.

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