Independiente de todo lo que significa el desastre en Japón, que bastante sabemos por vivirlo en carne propia hace no mucho tiempo (aunque parece que fue hace años), no puedo abstraerme de la campaña del terror de los medios e comunicación y nuestro Gobierno (más el aprovechamiento político de la circunstancia), y de cómo los medios de comunicación se suben a la yegua temática sin cuestionar todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Terremoto en Japón. Ok. Tsunami devastador e imágenes que ponen la piel de gallina. Indiscutible. Muchos videos de aficionados, algunos impresionantes (el de los rascacielos me persigue en mis pesadillas). Nada que cuestionar. El desastre de las centrales atómicas y los bebés radioactivos, me hace llorar, les juro.

Pero TODO EL DÍA REPITIENDO LO MISMO en nuestros televisores pueblerinos, es patético. TODOS LOS PERIODISTAS HACIENDO NOTAS CON EXPERTOS que dicen lo mismo que ya se repite desde cinco horas atrás, da vergüenza ajena. TODOS LOS EDITORES RESUCITANDO LOS ESPECIALES DEL 27 DE FEBRERO para no ser menos y ocupar ese espacio de rating que alguien más dejó vacante, es decadente. La televisión chilena y sus espacios de prensa sin imaginación SON UN ORTO.

Todo lo demás, toda la chimuchina pequeña y las comparaciones ridículas del terremoto chileno con el japonés (y lo que hizo el otro gobierno versus lo “bien” que lo hace éste, juntando contextos totalmente distintos), toda la parafernalia y el SECUESTRO MEDIÁTICO alarmista y desproporcionado… es profundamente nauseabundo.

No soy un genio de la física cuántica, pero tampoco me gusta que me traten como si tuviera 12 años. Mi gente, APAGUEN LA TELE, escuchen más radio.

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