Mirando los concursos que se vienen, encontré el Concurso de Novela Alfaguara, con un premio de 175 mil dólares (a eso hay que descontar el 20% de impuesto en España), son aproximadamente $68 millones de pesos chilenos.

Me brillaron los ojos e inmediatamente me deprimí, porque no tengo material para una novela de 200 carillas a doble espacio en hoja A4. Tal novela debería tener un mínimo de 65 mil palabras y debería, por lo menos, estar bien escrita. Mínimo.

Luego pensé en el oscuro mundo de las editoriales, y en el misterioso submundo de los concursos literarios con premios potentes, como éste. He leído y escuchado historias que dan miedo, d gente muy cercana. También he comprado y leído novelas muy malas publicadas por editoriales reputadas. Y por lo mismo participar en un concurso como éste es aterrador.

Una novela con estas características debería tomar al menos dos años de escritura a caballo, con tiempo para correcciones y edición de estilo por un profesional. Ni cagandito logro la meta en… ¿dos meses? Cuando chico creía en el Viejo Pascuero, ahora prefiero pensar que mejor me dedico a lo mío y dejo de soñar.

Si alguna vez tengo una novela que cumpla con el mínimo de páginas de ese concurso (u otros en esas lides), y que de casualidad tenga una temática que calce con los objetivos de la editorial, entonces lo pensaré dos veces antes de concursar. Si hay que dejar la novela en las oficinas de aquí en Chile, tengo la sospecha que no saldrá del país y que ni siquiera tendrá opción de publicar.

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