Cuando leí la sinopsis de este libro, acerca de jóvenes que se suicidan en un ambiente de colegio de barrio alto, me dije “no lo leeré”. Ojeé algunas críticas y reseñas y me convencí: no lo leería jamás. Así lo postié en mi blog, lo declaré en mi facebook, lo tuitié incluso, (quién no tuitea a estas alturas). Y cuando lo vi en un estand de la Furia del Libro 2.5, sin pensarlo dije “lo llevo”. Rarezas de la psiquis.

Segundos gira en torno a tres historias relacionadas por las circunstancias: dos jóvenes y un profesor, que en un principio no se sabe de qué van, si se trata del mismo colegio o si alguna vez tendrán algo que ver entre sí.

La sinopsis en la tapa del libro lo explica y es indispensable leerla antes de iniciar la lectura para no sufrir un atracón de desconcierto, especialmente con la historia del profesor que luego de varias páginas, me enteré que estaba ubicada en el periodo pre Golpe de Estado. La novela misma está ambientada en los últimos años de la dictadura, elemento relevante que deduje recién llegando al último tercio.

a) La historia que inicia el libro muestra el conflicto que les unirá hasta el final. Se trata de una joven en ese extraño momento de la adolescencia en el que todo es negro, brumoso, complejo,. Las experiencias parecen sacadas de una pesadilla donde el afecto es una utopía, y al mismo tiempo todo es normal, correcto, como tiene que ser. Una pareja de alumnos se suicidó y este hecho traumático circula como cahüín entre los pasillos, como algo importante pero sin producir estupor.

b) La segunda historia retrata a un joven acosado por compañeros matones, que vive en un mundo de conciencia literaria ultra sofisticada y de proto-nazismo adolescente. Casi como la expresión de un experimento social de manipulación y poder a pequeña escala, maniobrado por otro adolescente con el cerebro y la experiencia de un anciano sobreviviente de la segunda guerra. Aunque suena denso e improbable, algo de esto vi en mi propio colegio (en La Florida, lejos de ser pituco) y esos sujetos acabaron en un loop esquizoide del que no salieron más.

c). Y la tercera historia es la de un profesor que en su pasado cercano (previo al golpe de estado de 1973) se manda un condoro de esos que no se pueden confesar y que reflota a su regreso al país, como docente en este colegio donde ocurre de todo. Su historia parece irrelevante, ni el morbo que despierta la aparición de una adolescente ninfómana lo acerca al centro del conflicto, pero de alguna manera muy oculta es también un elemento relevante que influye en los otros relatos.

d) Luego las historias se intercalan creando una atmósfera desordenada, en la que la primera relación sexual de dos jóvenes se retrata como un mero trámite donde la preocupación se centra en el olor de los genitales más que en la trascendencia del acto; el profesor intenta recuperar su pasado pero se hunde en los miedos de alguien más; y los pseudo nazis juegan a que son dueños del mundo pero al final son sólo niños con carencias afectivas.El manejo de una prosa experimental ayuda a avanzar por este caldo diet, dibujando mundos inconexos que están íntimamente amarrados entre sí. La prosa y las historias dibujan un mundo oscuro y decadente, de adolescentes ABC1 (del siglo XX) alcohólicos y drogadictos, desconectados de sus emociones, desconectados del mundo en el que viven, protegidos en sus burbujas de ignorancia pudiente, invulnerables al futuro. ¿Qué será de ellos hoy? Si fueran reales, estarían en sus sesiones regulares del psiquiatra todos los sábado en la mañana.

No puedo decir que lo disfruté a concho, en realidad lo leí con un poco de desagrado, los pseudo nazis con sus análisis poéticos que no iban a ninguna parte me tenían podrido.

Pero es un buen primer libro de la autora, que explora y experimenta con imágenes tristes y obsesiones literarias. Si les gusta la onda del Fuguet noventero, les encantará.

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