El año comenzó igual como terminó el anterior, trabajando en la empresa GesGlobal de la que todavía soy socio. Hasta marzo. Luego, cesantía, increíble, dueño de una empresa y sin recibir un sueldo, mientras otra persona se miraba el ombligo y cobraba por ello. Esto trajo problemas, ridículas luchas de poder contra una socia monologante y ambiciosa, cometí errores y terminé como comencé, cesante.
De esa experiencia aprendí cuatro cosas: 1) si tengo una idea, jamás dejar que otros se hagan cargo de su desarrollo porque terminaré recogiendo escombros mientras el otro se llena los bolsillos; 2) jamás mezclar los negocios con las sensaciones/impresiones/suposiciones típicas del cagüín quinceañero, eso es de pendejos; 3) nunca asociarse con amigos, y mucho menos con amigos de esos amigos. Si no tengo la plata para hacer el negocio, pido un préstamo o me aguanto hasta que junte el capital. Y 4) las reglas claras conservan la amistad: quién hace qué, cuánto se paga y por qué, quien tiene qué derechos y qué obligaciones, y más importante aún, si no se genera negocio, no se cobra sueldo.
Así que en resumen, el emprendimiento se fue a las pailas. La socia infernal nunca hizo ni un sólo negocio, a lo más metía unas lukas en fondos mutuos que en su totalidad no generaban ni un décimo de lo que se pagaba de sueldo. Yo quedé como el causante de toda la crisis (y en cierta medida lo fui), endeudado, dolorido y desconfiado.
El resto del año me la pasé buscando pitutos, sobreviviendo con migajas, ahorrando hasta las monedas de a peso que veía botadas en la calle. Fue un semestre difícil. Hasta que en octubre encontré un trabajo relativamente estable como tutor online en una universidad que imparte cursos a distancia. Media jornada, relajado, haciendo lo que sé y que me gusta hacer. Y luego en noviembre me cayó otra pega de media jornada, porque conozco a alguien que conoce a alguien que necesitaba un periodista metido en el tema agrícola (soy director del DiarioDelAgro.cl, pues a quién más podían llamar). Ahí me luzco con mi redacción periodística impecable, me retan a cada rato porque me falta el ñeque de la administración pública… pero voy aprendiendo. Y cruzamos los dedos porque no haya cambio en el equipo de Gobierno en Marzo próximo.
Todavía tengo que tapar los hoyos que quedaron del semestre cesante, pero las heridas psicológicas del fiasco empresarial y la pérdida de confianza demorarán un tanto más.

En lo literario ando flojito. Me impuse la meta de dos mil palabras semanales, un moco, pero algo es algo y según mis cálculos soñadores, podría alcanzar para un par de novelas que tengo entre las cienes, más un puñado de cuentos.
Carolina Lehmann terminó la novela PSIQUE, que comenzáramos con Sergio y que no pudimos continuar por diferencias propias de los egos y las manías. ¡Le quedó fabulosa! Así que la presentamos a conocidos en el mundo editorial… y cri-cri-cri… todavía esperando respuesta. Así que los tres nos pusimos las pilas, haciendo malabares increíbles… y se va a publicar comenzando el 2010 por Mythica Ediciones. Es un hecho. Con una editorial de lujo. Así que pronto habrá partuza de lanzamiento.
Sagradamente me junto con dos amigos escritores de fantasías y ciencia ficción, a compartir textos y criticarnos mutuamente. El grupo va a crecer, me parece, así que vamos a continuar con la escritura, encloquecidos.
Este años no hubo Poliedro 4. Quizá el próximo lo haya.

Sigo casado, enamorado, feliz. Estamos haciendo arreglos en la casa, el desorden es desmotivante pero de a poco estamos arreglando los detalles y antes del 2010 tendremos nuestra casita tal como la soñamos.
Mi familia está bien. La de mi ranita también. Gracias a Dios estamos todos bien ahora.

Estuve muy enfermo. Primero nos chocaron el auto, tan fuerte que quedé con dolores una semana entera, me bajaron las defensas y coperé. Me cayó una gripe que parece se transformó en pulmonía o algo por el estilo, no estoy seguro, pero los síntomas daban para pensar en el ataúd. La tos no me dejaba dormir, el dolor era impresionante (aunque tolerable, ni comparado con el cólico renal de la vez pasada) y me fui a la habitación de al lado porque no dejaba descansar a mi ranita. Estuve como la callampa un mes entero.
Además engordé. ¡Ja! Terminado septiembre pesaba 10kg de más. Ahora ya recuperé mi peso normal, pero me quedó la pansa como de Coné, tengo que hacer abdominales. El sobrepeso le pasó la cuenta a mis rodillas. Y mi ridículo intento por construir un cuarto para cachureos (al final se pudo, pero con mucha ayuda) me dejó la columna al revés. Cada día un achaque nuevo. Eso no me impide salir a hueviar y trabajar y manejar y dormir, pero pucha que da lata andar con achaques de anciano.

Le encontramos un hermano a Leoncio Wifardo. Se llama Choco Pando, es un perro muy horrible y amorfo, llegó muriendo a mi casa, lo cuidé, lo llevé al veterinario, gasté plata en él que no tenía, y sobrevivió. Ahora está en mi patio, saltarín, temeroso de todo pero se nota feliz. Ayuda al Leo a recordar que es perro, porque de tanto estar solo y juntarse con gente ya se creía persona. Y aprovecho de dar gracias a César Milán, su programa (en Animal Planet) me ha permitido controlar a estas bestias y de paso a controlar algunos aspectos de mi vida. Así de motivante.

Ando corrido de mis pocos amigos (se cuentan con una mano y sobran dedos), que a esta altura deben odiarme o, como mínimo, estar dolidos porque no les mando ni un mail. Tanta pega, tanta depre y tantos problemas surtidos me hicieron pensar sólo en mí y en cómo salir del hoyo, el poco tiempo libre que me queda lo dedico a mi amor.
Sé que algún día voy a resentir no marcar tarjeta con mi gente querida. Pero tengo la cabeza en otra parte.

Eso fue este año: como el orto en lo laboral y económico; como la callampa en la salud; pero un siete en lo afectivo. Así es la vida nomás, dicen…

“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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