Según la librería online Bubok. Comentadas por mí.

1. Piensa en una idea y construye la trama. Esquematiza la acción:
– Principio. Capta el interés del lector.
– Trama
– Desenlace. El final es muy importante. Debe de ser sorprendente.

Se espera que los cuentos sean así, especialmente los que se envían a concursos literarios que exigen rangos de entre 3 y 10 carillas de texto a doble espacio. No se puede abordar demasiado en un formato tan reducido y por lo mismo el mejor consejo debería ser “piensa en pequeño”.

La manera de lograr una idea con trama y acción que quepa en ese espacio es definiendo un objetivo para la historia, qué se espera lograr con el cuento. Y todo lo que no tenga que ver con ese objetivo, sobra.

2. Mantén la trama hilada.

El tema y los personajes deben ser mínimos, o se corre el riesgo de perder el hilo de la historia durante la interacción de los personajes y sus diálogos. Mi consejo es “evitar todo lo que no sea un aporte para la historia”. Y también evitar los personajes de cero aporte.

3. Huye de la retórica y de la divagación: ¡Al grano!

Responde al interés de evitar un cuento extenso que diga poco, por ejemplo un relato donde los personajes critican algo y esa crítica no obedece al objetivo de la historia. Los discursos extensos aburren y no aportan.

4. Más que explicar algo en detalle, juega a sugerir.

Más bien, que la acción hable por sí misma sin explicar el porqué de cada situación, permitiendo que el ector imagine los elementos irrelevantes al tiempo que saca conclusiones utilizando los elementos que se entregan en la historia.

5. Mantén en todo momento el interés de la narración.

¿Y eso cómo se logra? Con mucha práctica, leyendo un montón y escribiendo otro tanto. Es algo que no se puede enseñar, ni siquiera en un taller literario, sin utilizar el ejemplo de otros autores que mantienen el interés del elctor durante todo el relato.
Implica tener ritmo narrativo y exponer lo importante en el momento justo para que el lector se enganche con la búsqueda de un resultado.

6. Adjetiva sólo lo indispensable.

Sería preferible evitar la adjetivación, pero eso es algo que no se puede lograr en un relato corto sin dañar la integridad estilística de la obra. Prefiero decir “adjetiva sólo las palabras de los personajes, no la narración”.

7. Huye de las perífrasis o circunloquios (rodeos).

La truculencia es confundente. Lo mejor es expresar una oración por vez, una idea por párrafo.
8. Elige la palabra adecuada en cada caso. (No hay nada de malo en apoyarse en un diccionario http://www.rae.es/rae.html)
Esto se logra con práctica y mucha lectura. Hay palabras que son adecuadas, y hay otras que son estrictamente específicas y podrían obligar al lector a recurrir al diccionario. La solución es escribir con simpleza y sinceridad, como explicando a tu abuelo (con respeto y peciencia).

9. Evita cacofonías y repeticiones.

Se logra leyendo en voz alta. Si suena correcto, no debería estar mal. Hay que entrenar el oído para esto, no se nace sabiéndolo todo.

10. Inspírate en el físico de los personajes para pensar en sus características psicológicas y en su personalidad.

Es decir, básate en un estereotipo. No es un buen consejo si tu cuento es acerca del carácter de los personajes. Mejor descríbelos en la justa medida para que sus características tanto físicas como psicológicas tengan sentido y sean un aporte al relato.

11. No expliques, mejor que sea tu personaje quien lo haga directamente.

Ya lo decía antes, que la acción hable por sí misma y que el lector saque sus conclusiones, no le expliques como si fuera un niño que no sabe nada de la vida.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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