Hace muy poco tiempo, días atrás, descubrí la rueda. Es increíble que algo tan básico se me escapara por entre los dedos.

Para escribir algun género literario hay que conocer las leyes y tradiciones. Es lo básico. La ciencia ficción tiene reglas dependiendo del sub-género, las conozco lo suficiente para saber que no podría escribir hard-fi, pero que se me daría fácilmente el slipstream. ¿Y la fantasía? Nah, me decía en mi ignorancia contumaz. “En la fantasía se escribe siempre de lo mismo, camino del héroe, con maguitos y dragoncitos y bellas damicelas en peligro, orcos cochinos y feos, elfos arios y afeminados, y humanos en decadencia (todo tiempo pasado siempre fue mejor)”.

Pero estaba equivocado.

Cada vez que leía un libro de fantasía, sea Harry Potter o Terramar, había cosas que me producían ruido y otras que hacían sentido, por muy descabelladas que parecieran. Y es que la ley fundamental de la literatura fantástica es que la magia no es gratis. Hay que pagar un precio y éste suele ser prohibitivo.

Es como la regla dorada del súper héroe: poderes = responsabilidad. Si no es responsable se transforma en villano, o muere.

En Harry Potter los magos buenos no pagan por su magia. No hay sacrificio. No hay dolor. La magia les es innata y pueden hacer lo que les plazca. Simplemente dicen la palabra mágica, incluso sin saber para qué sirve, y se hace la magia. Hasta la magia negra no impone mayor sacrificio personal, basta con elegir una víctima que pague por el brujo y listo, puedes dividir tu alma y esconder un trozo de ella en una joya. Inmortalidad asegurada.

En la saga de HP cualquier mago con tiempo suficiente podría lograr el poder absoluto y eso no lo haría malo u “oscuro”. Voldemorth es caso aparte, producto de generaciones de endogamia incestuosa y el más profundo de los rencores. Su objetivo es el control total. Pero nada más, es Cerebro diciéndole a Pinky que quiere conquistar el mundo.

Obviamente en las aventuras de Harry Potter esto tiene que ser así, es la elección de la autora, o de otra manera la historia habría terminado de manera muy distinta. Pero hace ruido, es demasiado fácil, demasiado simple.

En Terramar es ditinto. Los magos pagan un precio en energía vital y gastan prácticamente toda su vida en conocer los nombres verdaderos de las cosas. Da la impresión de que pudieran ser los amos del mundo, pero están más preocupados de aprender y su aprendizaje no termina jamás. Y como se ve en los últimos libros, la magia como elemento de la naturaleza no es infinita.

Entre los ejemplos que vi de pago por magia, está el clásico: la energía necesaria para realizar el hechizo poviene de tu propia fuerza vital, mayor el es hechizo, mayor es tu pérdida. Otro sería la sangre de un sacrificio, un conejo te daría una cantidad mínima para realizar conjuros simples, un humano te daría mucho poder; tu propia vida, la capacidad de resucitar a un ser amado; muchas vidas, la inmortalidad. Hay suficientes ejemplos y variables, y para cada uno el precio de la magia condiciona la historia y su descenlace.

Sin importar la moneda de pago, a mayor poder, mayor es el sacrificio.

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