IMPOSSIBRU !!!Visitando las fotos de una persona que conozco y a quien no quiero mencionar por miedo a que me mande un maleficio o se victimice al extremo de que parezca que dije otra cosa y no lo que está aquí escrito… bueno, visitando sus fotos en el facebook y otros sitios donde se comparte la intimidad, me doy cuenta que no hay ninguna foto donde no aparezca con un vaso en la mano, o haciendo el ridículo bajo los efectos del alcohol por litros.

Haciendo memoria, conozco a muy poca gente que es capaz de carretear o compartir con sus amigos, sin incurrir al consumo de copete en exceso. Antes que me tilden de pipiolo, debo dejar en claro que no tengo nada en contra del consumo de alcohol, de hecho un buen tinto al extremo de quedar con los dientes morados o un vodka naranja al límite de lo piojo, son mis medidas cuando me junto con gentes a beber y conversar. Pero hace años, tantos que parecen siglos, que no me embriago ni doy jugo.

Un trago que dura media hora mientras hablamos y picoteamos algo rico para comer, una pizza o unas tapas, incluso un plato preparado, se agradece al final de un día estresado.

Recuerdo mi época de colegio, en los carretes donde al final me tocaba dormir en el suelo en algún rincón más helado que la cresta, sino en una plaza, cuando quedaba piojo al poco rato de llegar tomando vino blanco de caja. En esos carretes mis amigos bebían tanto o más que yo y caían en el mismo trance idiota, mientras el resto, esos de los que nos burlábamos porque no gozaban del carrete como nosotros, bailaban y egrupían y enganchaban con el sexo opuesto. Yo prefería cabecear cuando al fin ponían un tema de Metallica, que solía ser One, porque estaba de moda. Y al día siguiente despertaba con la peor migraña de la historia y esa sensación de vacío cuando ves a la niña que te gusta besándose con otro.

En la universidad aprendí a tomar una o dos cervezas en compañía de una grata conversación, capeando clases los miércoles o jueves, los últimos años especialmente. Después me iba en micro a la casa y llegaba a cenar, sin estar ebrio pero algo más que tocado por la barita mágica de Baco. Y dormía plácidamente, el mundo no giraba a mi alrededor, no vomitaba, no necesitaba hacer el ancla con una pierna fuera de la cama.

En mis años de trabajador asalariado prefería un rico roncola o mojito bien conversado en horario de happy hour, y después partía caminando al centro desde Providencia para evaporar algo de alcohol y regresar a la casa a eso de la una de la mañana. No siempre me gustó el tinto, como dicen es un gusto adquirido y en la volá de los antioxidantes me obligué a adquirirlo a la fuerza. Hasta que descubrí el vodka naranja, sus propiedades “no olorosas” y su sabor agradable.

En los carretes de adulto universitario, antes de conocer a mi Gaby, bebía hasta el límite de la piojez, pero no llegaba a caer en la pérdida de conciencia o en el efecto giratorio de la cabeza. Si hay algo a lo que temo, es a esa sensación enferma y el deseo de que se acabe el mundo, por favor. Como “la pálida”, por la chucha, no hay peor sensación. Y desde que mi Gaby está conmigo, bebo más moderado o incluso hay veces en que no trago ni una copa, con la responsabilidad de manejar de regreso a casa. Y estoy ok con eso, porque lo paso la raja y sin resaca.

Regresando a la razón de este post, veo las fotos de esta persona que no tiene ninguna imagen de sobriedad, y lejos de escandalizarme porque no tengo ropas para eso, me lleno de espanto por ella y su progenie. Pobre gente. La última vez que la vi, llegó con el vaso servido y se pasó toda la tarde hablando de lo bien que lo pasa tomando, las imbecilidades que ha hecho estando ebria, y eso se supone que es divertido. Se robó la película con su estilo de vida decadente, supongo que para dar pena porque ninguno de los que estaba allí podría haber sentido admiración. Y se escandalizaba cuando veía a alguien que no estaba tomando, ¡que alguien llene ese vaso!

¡Christ! Esa misma actitud me hace alejarme de alguna gente hostigosa, ese hueveo porque no estoy ebrio o cómo lo voy a dejar con la mano estirada, por qué no estoy fumando marihuana, por qué no estoy tirado en el piso del baño a punto de ahogarme en mi propio reflujo. No, nunca más. Y esta pobre personita alcohólica, supongo que sigue viva porque no se levanta tomando. A veces pienso que si la veo en una noticia, porque se mató al volante o mató a alguien más, no voy a sentir nada, ni siquiera sorpresa.

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