Este post está desactualizado. Si quiere acceder a lo último en teoría y software acerca del proceso de escribir, aceda a mi post acerca de CeltX y Pautas para Escribir una Novela.

Tengo una idea que no me deja dormir, poco tiempo para escribir y un guión que contiene lo más importante del argumento y los personajes. Si me dí el trabajo de llegar a este punto, es porque quiero escribir la obra. Es una necesidad orgánica.

Pero también puede ocurrir que terminado el guión (o incluso a mitad del proceso) descubramos que la historia no va bien, o que en realidad ya no es tan importante escribirla. Aunque en la mayoría de los casos el autor está tan enamorado de su proyecto que es incapaz de ver lo malo.

Para solucionar mi falta de objetividad, especialmente cuando no estoy seguro de lograr lo que quiero lograr (que me lean y luego me promuevan), hago una impresión de mi guión, con sinopsis y objetivos, y se la entrego a una persona de absoluta confianza que además es lectora compulsiva como yo. Ya que se trata de un guión, no suele tener más de diez carillas de texto, incluidas todas las notas (en algunos casos es bueno borrar las notas que puedan echar a perder la sorpresa final, si la hubiere).

Lo usual es que mi “editor de prueba” me diga que le gustó, lo que en realidad significa “podría ser mejor”; o que le fascinó, que es lo mismo que “vas por buen camino”; o que “no le gusto mucho”, o sea, “hazlo de nuevo o bótalo a la basura”.

Mi ego no es tan grande como para considerarme el receptáculo de la sabiduría universal, o que nunca me equivoco, así que suelo seguir los consejos de mis “editores” (repito, son amigos que leen mucho), y pongo especial atención a sus preguntas. ¿Por qué tal cosa? ¿Cuándo esta otra? Si no queda claro en el guión ni en las notas, entonces es un punto importante que debo añadir en alguna parte del relato.

Y también puede ocurrir que no me interese la opinión del resto, amo mi proyecto y me importa un carajo si alguien lo lee o no. En cualquier caso, ya estamos listos para escribir.

ESCRIBIR

No, no voy a decir aquí cómo se debe escribir, que para eso aprendimos a redactar en el colegio y después de manera autodidacta, imitando a nuestros autores favoritos, asistiendo a talleres, estudiando el tema, o creyéndonos el próximo premio Novel de literatura.

El secreto de una buena escritura, en el caso de nuestra historia guionizada, es que no nos salgamos del guión. ES LEY. De verdad, ya pasamos por el arduo trabajo de dar forma a la historia, tratemos de no desviarnos. Y si por alguna epifanía descubrimos que la historia debe ir en otra dirección, volvamos sobre el guión y modifiquémoslo sin destruir aquello en lo que hemos trabajado tanto. No pierdan la ruta.

Con el material de apoyo dispuesto para consulta, con el guión desplegado ante nuestros ojos, con los conflictos de los personajes claros en nuestra cabeza (hasta podría hacerse un diagrama con flechas) y los objetivos de la obra destacados en rojo, podemos dar inicio a la escritura del primer borrador.

Busquen un momento tranquilo, pónganse audífonos y escuchen su música favorita, inventen una excusa para quedarse solos una o más horas al día y que no les molesten. Es cierto que con el guión organizado los problemas de “perder el hilo” disminuyen, pero siempre tendremos que volver sobre el texto una y otra vez antes de seguir escribiendo, lo que nos resta tiempo.

El guión y el material de apoyo son los pilares de la obra. Si nos ceñimos a ellos, no tendremos que releer cada vez que retomemos el relato. Podemos escribir las escenas de forma lineal o saltando a las escenas que tenemos mejor dibujadas en nuestra memoria. Pero recuerden que eventualmente habrá que escribir todo lo demás.

No es necesario poner mucha atención al detalle en esta etapa del relato. Es casi una descripción detallada de las acciones y los diálogos. Pero es también la obra misma (en pañales). Por eso se le llama BORRADOR, es nuestra primera aproximación al relato.

La razón de ser del borrador (con sus imperfecciones implícitas) es que nos saquemos del cuerpo el peso de la historia, la escribamos. Sólo hay que escribir, escribir y escribir. Con el guión y el material de apoyo no nos vamos a perder, no vamos a sufrir lapsus, no vamos a describir rubia a la pelirroja, no vamos a viajar en bus sin haber salido de la cama.

Escribir un borrador es un proceso rápido, de verdad. Avanzar sin tranzar. Y sin darnos cuenta ya terminamos de escribirlo, el borrador de nuestra novela, imperfecta pero real.

Y ahora viene lo bueno. Regresemos a la primera escena del primer capítulo, leámosla completa, luego agreguemos calidad, sutileza, démosle cuerpo a los detalles (sin caer en un detallismo obsesivo). En este proceso podemos triplicar la cantidad de texto. Y siempre dentro del marco de la historia, el guión y el material de apoyo. Insisto, no hay cómo perderse.

Hagamos lo mismo con todas las escenas del primer capítulo. Con paciencia, no apuremos el tranco porque vamos a caer en un hoyo. Y al terminar el primer capítulo, leámoslo completo, que nadie nos moleste. Recomiendo hacer una impresión (económica) y salir a alguna plaza o ir a la playa por el día, a la montaña o el campo. O encerrarse en su habitación con los audífonos puestos. Lo importante es que podamos dedicar toda nuestra atención.

Si somos lectores acuciosos, podremos detectar los errores argumentales, el diálogo donde se desvela el misterio que luego nadie recuerda, la casa roja pintada de blanco… y por sobre todo, la continuidad y el ritmo.

¿Se cumplen los objetivos? ¿El capítulo puede leerse como una unidad estructural? ¿Estamos satisfechos con el resultado?

Entonces el estatus del Capítulo 1 puede pasar de borrador a 1ª edición.

Repitamos el proceso con el Capítulo 2, luego con el siguiente, y el siguiente hasta terminar todos los capítulos.

Nuestro borrador ahora es una primera edición. Pero de ninguna manera es la obra terminada.

A partir de ahora pueden ocurrir tres cosas: el(la) autor(a) va a guardar esta primera edición y comenzará un nuevo guión para una nueva novela; cuando escriba la primera edición de esa nueva novela, retomará ésta que tenía guardada y hará una segunda edición, para luego presentarla a las editoriales o enviarla a algún concurso. O tomará el texto impreso y se lo entregará a algún editor de prueba y estilo (un amigo(a) que lea mucho), antes de hacer una segunda edición y presentarlo a las editoriales o concursos. O irá directamente a las editoriales, y si eso no funciona, lo enviará a concursos.

En cualquier caso, es normal que el autor se sienta insatisfecho(a) a pesar de haber terminado. Siempre hay un adjetivo de más, siempre hay una voz pasiva que eliminar, un punto o una coma mal ubicado. Por eso recomiendo descansar del texto una vez que llegamos a la primera edición, ponernos a escribir otra cosa, leer otros libros o releer nuestros favoritos, para retomar el texto y leerlo como un lector común.

Lo que debe quedarnos muy claro es que no podemos pasar de la tercera edición. Si después de una tercera revisión acuciosa no estamos satisfechos, es porque nunca lo estaremos. Vamos a las editoriales y que ellas decidan.

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