Hoy leí, por pura casualidad y sin ánimo de inflar el ego a nadie, un artículo muy extraño y literario que sólo pude catalogar como “ficción periodística”, acerca del “General del pueblo… pero de qué pueblo”.

Ese titular fue gancho suficiente para que hiciera clic. Pero al comenzar a leer, me topé con un panegírico rimbombante acerca de Toño, un comunista carretonero que blablablá… paja molida.

Me recordó esos reportajes que debía escribir de un día para otro en la Universidad y que, a falta de capacidad reporteril, inventé (haciendo actos de contrición después por faltar a la ética de manera tan flagrante) utilizando toda mi creatividad literaria y sentido común, más mi “profundo” conocimiento de la sociedad… ¡Patrañas!

Me iba bien con esos ejercicios de ficción periodística. No lo hice muchas veces, de hecho ni siquiera para trabajos importantes sino para el típico trabajo donde el dos era mejor que sacar un uno. Así que culpable no me siento, además que fue un excelente ejercicio, me sacaba sobre seis.

En fin, estaba claro que el artículo de Toño era una patraña, pero entre tanta lesera había un párrafo que me llamó mucho la atención y con el cual concuerdo profundamente. Lo copio a continuación:

Si un extranjero hubiese aterrizado en Chile aquellos días, habría jurado que el general director cayó abatido por balas enemigas o por un atentado extremista. Eso quizá le hubiese permitido entender la parafernalia oficial.
Pero un doloroso y trágico fallecimiento causado por un accidente es algo que le puede suceder a cualquiera y, más allá de las exequias oficiales y el duelo nacional pertinente, no ameritaba estructurar el pandemonio que se extendió durante 48 horas a través de una auténtica “cadena nacional” de radioemisoras y canales de televisión. Ello ni siquiera ocurrió en Inglaterra con el sepelio de la trágicamente fallecida Lady Diana de Gales (que, dicho sea de paso, también murió en un accidente acaecido en país extranjero).
(Lea el texto completo acá)

No me dio pena lo que le pasó al General. Sí me impactó la manera en que murió, espeluznante. Pero de ahí a estar pendiente del funeral, pegado a la tele TODO EL DÍA, con la musiquita fúnebre tétrica… todo Chile paralizado…

Suerte que existe el Cable.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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