Un día cualquiera, de puro aburrido, me encontré con una foto de los últimos capítulos de la tercera temporada del Doctor Who.

Mish, me dije yo. Esto se ve interesante.

Así que, igual de aburrido, bajé la primera temporada completa. Y como tenía todos los capítulos, los fui viendo de a uno.

Los primeros capítulos de la primera temporada eran muuuuy infantiles y de argumento pobre. Inverosímiles en realidad, aunque se trata de una serie de fantasía… pero ya explicaré a qué viene este comentario.

En la medida que avanzaba en los capítulos, fui notando que los argumentos se volvían más complejos, en algunos casos aterradores, llenos de suspenso y humor, aunque todavía con algo de ese infantilismo que seguramente ha caracterizado a la serie desde los años 50…

Cuando aparecieron los Dalek… uh, me dieron escalofríos. Esa sola escena del Dalek amarrado… pues vale la pena.

Luego la cosa se pone más interesante. Y al final… ¡Me entero que el Doctor se “regenera”! Qué manera más fantástica de cambiar de actor. La serie puede continuar y el Doctor tiene un nuevo rostro.

La segunda temporada… pues también la bajé. Acá la serie se pone realmente buena. ¡Buenísima! Y aunque todavía está enfocado al público infantil… las tramas son más complejas, llenas de aventura y suspenso.

Me volví un fanático absoluto de la serie cuando vi la tercera temporada. De hecho, acabo de ver el último capítulo de 13. Uh… En la medida que avanzan los capítulos se aprehende cómo funciona esto del Doctor y su acompañante mijita rica. Cada vez más verosímil, a pesar de lo infantil que pueda resultar para algunos.

Y en la Navidad habrá otro capítulo especial, algo acerca del Titanic. ¡Juas!


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

Anuncios