Este post está desactualizado y ni yo me lo creo. Si quiere acceder a lo último en teoría y software acerca del proceso de escribir, aceda a mi post acerca de CeltX y Pautas para Escribir una Novela.

Escribir con un esquema es, en resumidas cuentas, usar un modelo prefabricado en el que sólo habría que llenar los espacios vacíos para crear una obra compleja en muy corto plazo.

Es sin duda el modelo de escritura que usan los autores prolíficos.

Distinto es el caso de Sthepen King, muy prolífico (claramente) que además de usar un esquema, usa una RECETA: una pizca de esto, otro poco de aquello… Y así el producto final es un plato preparado que da para los gustos de muchos lectores y, de paso, para hacer una película.

Además, dicen las malas lenguas que actualmente este hombre dedica más tiempo a evaluar lo que escriben sus medios pollos, en base a una idea propia, que a escribir él mismo.

En el caso de J.K. Rowling, he detectado un modelo de escritura bien interesante, aunque no sé si novedoso y menos si es apropiado para escribir cualquier cosa excepto Harry Potter: ella escribe desde el final.

Me explico: si sé cuál va a ser el final de la obra (Harry derrota al Oscuro), puedo colgar muchos elementos de él como de un móvil, respondiendo a preguntas no formuladas, que a su vez permitirán que cuelgue nuevos elementos donde se formularán las preguntas.

¿No sé como formular cierta pregunta que responderá a la duda que dará pie al descubrimiento de una pista que permitirá al protagonista derrotar a su enemigo? Entonces creo una situación o introduzco un personaje, o revelo un secreto en algún punto importante de la trama y dejo ese detalle flotando en la memoria del protagonista hasta que dicho conocimiento resulta de utilidad.

Estoy conjeturando. Pero me hace sentido este método luego de leer los siete libros de Harry Potter y darme cuenta de ciertos detalles que aparecían de la nada y que resultaban ser la clave para resolver un problema o dar con la respuesta al enigma. Ahí está Luna Lovegood, personaje que no aparece en la historia sino hacia el quinto libro, y que entre otras cosas le da a Harry una lección de tolerancia y amistad, al mismo tiempo que tiene la respuesta al enigma de los caballos carnívoros voladores que los ayudan a llegar al Ministerio, y a otros temas, por supuesto.

Cada respuesta es una cápsula de información, que exige una pregunta desprendida de otra cápsula. Y todas las cápsilas están unidas entre sí, recurriendo paulatinamente a la primera cápsula que es la pregunta inicial, la que desencadena la búsqueda y la acción.

Y si el autor o autora, como es el caso de JK, está escribiendo una obra que queda en continuación (que exige una secuela), que es autoconclusiva hasta cierto punto pero que deja incógnitas que se resuelven en los siguientes tomos de la saga, pues lo más simple es dejar cápsulas sin responder, creando varios árboles (uno por cada libro) que van colgándose desde el desenlace final hasta el principio absoluto de la obra.

¿Dónde está lo bueno de trabajar así? Bien, se establece una planificación de trabajo que aminora la carga creativa cuando se está en la mitad de un capítulo y no se sabe para dónde ir para resolver cierto problema que se me acaba de ocurrir, y es realmente útil para los que somos desordenados al momento de escribir, evitando que tengamos que mutilar la obra para evitar algún problema en el que nos hemos metido al dar rienda suelta a nuestra imaginación.

Se crea una especie de carta gantt, una línea de tiempo donde sabemos qué ocurre y cuándo ocurre, agregando elementos que apoyan a los otros, evitando aquellos elementos que nos llevan a puntos muertos. No habría asuntos sin resolver, porque todos los asuntos están resueltos antes de originarse. Repito, comenzamos con el final, así nadie se pierde, el objetivo siempre estará claro.

¿Y lo malo? No sabría decirlo. El proceso creativo de armar la historia, crear los personajes y establecer las dependencias entre las cápsulas que componen los capítulos se realiza antes, pero es creativo al fin. Y es ordenado. Luego hay que escribir la historia, poner texto donde antes había un esquema, dar vida a los personajes y poner diálogos donde antes habían sólo situaciones desencadenantes.

No creo que haya nada malo, porque no es una RECETA. Las recetas o “cómo hacer que tu novela sea exitosa”, son las que degradan la obra. Para escribir un cuento la receta es absolutamente necesaria, pero en el caso de una novela (por muy corta que ésta sea) las recetas siempre conducen al exceso de información innecesaria que no aporta a la historia.

Por lo tanto el mandamiento que dice “NO ESCRIBIRÁS POR ESQUEMA” debe ser modificado por NO ESCRIBIRÁS BASÁNDOTE EN UNA RECETA. El esquema es bueno, es organización. Las recetas (en la novela) son una mala idea.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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