Moda: Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos“.

Es fácil dejarse llevar por la moda, sobretodo cuando se está en una búsqueda personal de pertenencia. Hoy la moda es la “tribu urbana”, pertenecer a un grupo selecto, casi exclusivo, que se diferencia del resto creando su propio código cultural, excluyendo y discriminando al resto por no ser como ellos.

Por supuesto que pasé por eso. Y la música fue el nexo que me unió a mi grupo de amigos durante el colegio y me permitió mantenerlos durante los ásperos años de la universidad. Pero hasta ahora no creía que la literatura también podía hacer el truco.

La moda literaria del día son los niños magos que no sabían que eran magos y que están predestinados a luchar contra el mal, personificado en un tipo muy malo y oscuro. Y antes de esta moda particular, estaban los grupos variopintos e hombres y criaturas mágicas (elfos, enanos, magos, y otros) que buscan algo y deben encontrarlo antes que los malos (trolls, gigantes y otros bichetes) comandados por un malvado. Métanle dragones entre medio, todo en blanco o negro, sin grises: el bien contra el mal, donde los buenos son perfectos y los malos son estúpidamente imperfectos, aunque sean poderosos.

La moda Tolkien tuvo su tiempo de auge literario, coronado por el estreno de la trilogía que llevó rápidamente a su declive. Lo último que apareció con éxito fue Eragon, el joven guerrero que comanda un dragón y que vende muchos libros que, curiosamente, dan para hacer una película taquillera. Es bien original en realidad, aunque se base en otras obras como los libros de Terramar, El Señor de los Anillos y El Vuelo del Dragón.

En los años 80 hubo una extraña moda cinematográfica, uno o más niños o pre-adolescentes presenciaban algo extraordinario y tenían grandes aventuras. Ahí tenemos a ET, El Niño que Podía Volar, D.A.R.Y.L., El Vuelo del Navigator, Los Goonies… Pero ahí no había una relación muy directa con la literatura, al menos no como ahora, cuando una película obliga a leer el libro en que está basada (o el cómic, que también está teniendo un mayor auge).

Cuando salió el Bodrio Da Vinci, ni hablar de los cientos de libros que predicaron la verdadera identidad de Jesús, María y los ovnis. Se desempolvaron viejas teorías. Se hizo una película con actores taquilleros y todavía estamos hablando de la verdadera misión de Judas.

Idéntico es el caso de la moda Rowling, quien creó este mundito del niño mago ignorante y sus amigos extraordinarios, y al mismo tiempo dio paso al show mediático gracias a las películas. Siete libros, siete películas. Miles de millones de dólares sólo en merchandising.

La cantidad de plata que se mueve en la industria del entretenimiento sólo gracias a Harry Potter es tan tremenda, que ha permitido a la autora comprarse un castillo y vivir como una reina. ¿Qué irá a escribir de ahora en adelante? Ya creo que nada, nada podrá superar el éxito de los siete libros best-seller, que seguirán vendiendo por algunas décadas más. Sería suficiente vivir de las regalías que le dará la franquicia de Harry Potter. Y no me extrañaría que saliera alguna precuela o relato paralelo, las aventuras de Dumbledore, Los Weasley, Cuando Harry Conoció a Ginny… Y las películas remasterizadas, versiones extendidas, efectos especiales mejorados, y en varias décadas más el remake.

Y es por causa de este éxito que han aparecido niños magos por doquier. Ahora cualquier escritor con esperanzas de ganar millones escribe una historia de maguitos súper poderosos que sortean los problemas con la astucia de sus amigos, y la publica en alguna editorial que se nutre de las modas literarias (y cinematográficas) con la esperanza que se haga una película al respecto.

Ahí le tenemos “The Dark is Rising”, una secuencia de libros que hablan de un chiquillo con poderes que es algo así como “el elegido” y que debe luchar contra el mal personificado en un tipo oscuro, siempre guiado por un grupo de personajes buenos y amigables. Le lleva una película llamada “The Seeker” y está llena de guiños a la obra de Rowling, y ni hablar de los nombres escogidos. Sólo espero que no vuelen en escobas.

Claro que hay muchos casos más, cientos, de novelas que parecen fanfictions de una obra lucrativa. La tentación es grande, aunque sea sólo por amor al arte. Claro que en inglés, porque a Chilito sólo llegan algunas traducidas, supongamos que son las más destacables de entre la amplia gama de compendios mitológicos.

Las compañías cinematográficas ya están buscando al próximo Harry Potter, una serie de libros que esclavicen a los niños en la lectura (lo que no es tan malo), obliguen a comprar todos los libros si se quiere conocer el desenlace de la historia, que permitan hacer una o más películas y vender polleras y chapitas y tazones y anillos y corbatas y sombreros y toda la gama de productos asociados a la marca…

¿Qué hacer entonces? La necesidad tiene cara de hereje y un escritor con cientos de ideas no siempre tiene una que se ajuste a la moda del momento para asegurarse algunos billetes.

¿No es más fácil registrar el mercado, tomar nota de lo más vendido y navegar hacia esas aguas? ¿Será pecado?

No necesariamente. Si la idea es original, aunque el “mundo” en el que esté basada sea parecido a otro que es idea de alguien más, no debería existir culpa ni vergüenza al escribir.

Lo que sería patético es colgarse de la obra original y contar lo mismo o algo muy parecido usando los mismos conceptos y preceptos de otra obra famosa.

Por lo tanto, el mandamiento que dice NO TE GUIARÁS POR LA MODA puede ser rodeado, pero no ignorado.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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