(Ella es Pino)

No es una serie mala, pero tampoco es excelente, como había oído decir.

Los primeros diez capítulos son alucinantes, es verdad; pero la identidad del monstruo queda al descubierto y los capítulos se vuelven cada vez más predecibles. Los diseños de personajes no son tan trabajados como parecía en un comienzo. Y llegando al final el desenlace es un deux ex machina que da rabia. El último capítulo se llama así, de hecho.

Se dan explicaciones, la historia se vuelve circular, todo se arregla de pronto, la respuesta a la pregunta del millón se soluciona agregando ingredientes a última hora…

La verdad es que me decepcionó. Me pasó algo parecido que con Wolf’s Rain, una serie muy extraña y surrealista que de pronto se volvía fantasiosa (ni siquiera fantástica, que de eso ya tenía bastante con estos lobos que se hacían pasar por humanos). Y todo se arreglaba a la fuerza en los últimos tres capítulos.

Es como una teleserie chilena. Las primeras semanas tiran toda la carne a la parrilla, los meses que siguen tratan de mantener la historia con todo el poder de la truculencia que se tiene a mano, y en la última semana resuelven todo como por arte de magia, las piezas encajan con perfección.

No es comparable, pero una típica serie gringa como Tween Peaks, más rara que huevo con cejas, tenía la gracia de no responder nada, de quedar en continuación y aumentar tus dudas en cada capítulo, agregando horror y pesadillas.

Si en Chile se intentara algo así, aparecerían el monstruo y el malo juntos diciendo “ñaca ñaca” en el primer capítulo.

Volviendo a Ergo Proxy, la sorpresa inicial se desvanece llegando a la mitad, y el final de la serie no prende. No da para una secuela.

Lo único bueno era Pino. Y de todos los capítulos fomes, el mejor era uno donde quedaban varados en un mar de los sargazos, que si no fuera por la voz en off omnipresente de Real, sería perfecto.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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