Cada vez que sueño con esa casa, se manifiesta el mal. En el sueño puedo estar haciendo cualquier cosa, ser cualquier persona, hacer lo que me dé la gana (aunque no lo controle), pero siempre que hay un mínimo atisbo o posibilidad de estar en “esa” casa en particular… comienza la pesadilla.

Mis sueños son así, supongo que la mayoría tiene sueños parecidos, inconexos, historias que se entrelazan y que no tienen relacion entre ellas.

Esa casa… Pasé ahí la mayoría de mis vacaciones desde que era chico, una gran casona en Cartagena, en el pasaje Tarapacá y a punto de caerse a una quebrada. Docenas de habitaciones. Un segundo piso ocupado casi íntegramente por la familia “cuidadora”, madera rechinante y un subterráneo que por causa de la inclinación de cordillera de la costa, daba con una puerta hacia la calle.

Una vez me quedé en ese subterráneo con amigos varios. Chitas que lo pasé bien ese verano.

He de agregar que las mejores vacaciones de mi vida las pasé en Cartagena. Tenía amigos, tenía familia, tenía playa y aventuras en los meses en que había más gente allí, cuando a penas se podía avanzar por la costanera desde la Playa Chica hacia la Grande por la chorrera de veraneantes.

Entonces no me explico por qué siempre que sueño con esa casa, el sueño se vuelve pesadilla.

Ayer desperté gritando. En la última parte del sueño iba caminando por el salón del primer piso de esa casa, sabía que era esa casa, y de pronto alguien (algo) me levantó del piso agarrándome del cinturón y llevándome hacia el muro, donde había un gran espejo que me reflejaba a mí con mi expresión de pánico absoluto y a nadie más. Intenté liberarme, pero nadie me sostenía.

La sensación de pánico y angustia se acrecentó exponencialmente e intenté gritar, pero mis cuerdas vocales no respondían, a penas podía botar el aire.

Fue entonces que me di cuenta que ya no estaba en el sueño, sino en mi cama, tratando de gritar y sin poder hacerlo, a medio camino para llegar a la vigilia. Ahí desperté.

Me pasé todo el día tiritón.

Hace algunos meses soñé con una gran casa, y cada vez que entraba en una habitación ésta era más oscura y tenebrosa, y los detalles macabros se hacían más distinguibles, sin esa cualidad nublada que acompaña todos mis sueños. En mi cabeza la oscuridad siempre es muy nítida.

Hasta que llegué a una habitación que en realidad era una entrada a un cementerio, la casa era una gran morgue y por supuesto, era esa casa en la playa. Las tablas del suelo estaban sueltas, o no estaban y podíamirar hacia abajo, una habitación con un suelo de arena y creo recordar esqueletos o cráneos.

Y “eso” estaba mirándome desde alguna parte.

No lo vi, pero lo sentí. Y venía por mí, como siempre hace cuando estoy en esa casa, en sueños. Esa vez fui más afortunado, desperté antes que la angustia se volviera inaguantable.

Y mucho tiempo atrás, años atrás… recuerdo ese sueño claramente porque era acerca de esa misma casa y terminó de la misma manera, “eso” cada vez más cerca, su presencia quitando el aire de mis pulmones.

Nuevamente estaba en el salón, y al piso le faltaban tablas. Yo caminaba despreocupado entre ellas, hasta que de pronto ingresé a una habitación en penumbras y el horror me inundó, porque sabía, sabía algo tan aterrador que me hizo despertar y saltar de la cama.

Los sueños son así, se sabe algo que no se sabe, o que no se puede expresar con palabras, que es lo mismo que no saberlo. Se piensa que se tiene la respuesta a aquella pregunta no formulada y ve tú a saber qué más. Es parecido al deja-vú.

Hay sueños más antiguos, igual de nítidos, pero no están relacionados con esa casa. En ellos camino hacia un lugar específico, conozco el camino, pero me pierdo y en la medida que avanzo o retrocedo todo se vuelve más tétrico y nítido.

La peor de esas pesadillas la tuve cuando chico, era un niño y cómo habrá sido de aterradora que aún recuerdo los detalles del último trecho del camino antes que “eso” me encontrara. Venía detrás de mí. El camino era un intrincado laberinto de pasajes que pasaban entre casas muy pobres, y el pasaje estaba techado con telas o plástico, oscureciéndolo. En un recodo habían apiladas cientos de muñecas descabezadas y cabezas de muñecas por igual, sus ojos abiertos, el cabello enmarañado, coches, cosasplásticas, sus ojos de plástico inmóviles, los cabellos quemados, peinados en moños… el muro era de ladrillo y todo estaba oscuro.

Rayos, lo recuerdo tan nítidamente que me da escalofríos.

Y el primer sueño de ese tipo del que tengo memoria ocurría en la casa de mis bisabuelos, que luego pasó a ser mi casa antes que me mudara este año a Puente Alto. Al lado izquierdo habían habitaciones. En el medio del patio había una especie de bandejón lleno de plantas. Y “eso” apareció de pronto, yo venía escapando y me encontró allí.

Tenía forma de zorro, un zorro rojo. Y al acercarse a mí se paró en dos patas y se acercó con el hocico apuntando hacia el suelo, pero sus ojos mirándome fíjamente. Yo quería gritar, quería usar mis puños para golpearlo, pero estaba paralizado.

Fue la primera y última vez que lo vi. Ese sueño, con el zorro, ocurrió cuando yo era un niño muy pequeño, todavía vivía en la casa de Nuevo Continence con Diego Portales antes que nos tuviéramos que ir. Eso fue el año 1982.

Tenía 4 ó 5 años.

Desde entonces el sueño se repite. Algunos los olvidé. Antes de la casa en la playa, siempre se trató de corredores que se oscurecían y de mi perdiéndome en ellos, sabiendo que “eso” venía por mí. Luego cada vez que sueño con una casa grande, obligadamente es esa casa de la playa. Y en el sueño lo sé, pero no me doy cuenta que es una pesadilla hasta que “eso” me encuentra.

¡Qué mierda es “eso”!

Las pesadillas de mi infancia y las de ahora no son tan distintas, hay un “algo” que me encuentra y me hace fallecer de puro horror; hay parálisis de sueño; hay pánico; y despierto. Pero son dos ambientes totalmente distintos. No creo que se refieran al mismo evento que me causó la pesadilla en primer lugar.lgo traumático, claramente, algo que no puedo recordar.

Odio “eso”.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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