Y resultó que los emisarios de la flota invasora eran una especie de calamares de tierra, del tamaño de elefantes, con ojos tan grandes como mi trasero.

Yo era portero del Estadio Nacional ese día, y a los extraterrestres culiados se les ocurrió aterrisar ahí mismo. Teniendo todo el planeta… pues no, tenían que venir a estacionarse acá, en el Estadio Nacional, donde estaba yo de portero.

Como se demoraron unas horas en hacer que la rarísima nave pinchuda aterrisara, y otras horas en bajarse de la huevada, me tocó recibir a cuanto saco de huevas con cámara y membrete de periodista llegó haciéndose el desinteresado.

A todos les cobré un billete de diez lucas. Junté una jugosa gamba, para comprar un regalo para el día de la madre y otro para Matilda. Quizá le comprara el mismo a las dos, algún 2×1 en Estación Central, no sé…

El asunto es que periodista que quería pasar exigiendo el derecho de informar y esas putadas, yo les mostraba mi sonrisa pep y el garrote que me dio el rondín.

¿Pero por qué iban todos a donde estaba yo? Porque todas las demás puertas estaban cerradas con candado. ¿Dije que era época de cambiar el pasto? Pues sí, tenían que cambiar el pasto los giles, pero como habían anunciado lluvia no había nadien.

Me habían dejado solo, y justo bajan los calamares culiados.

La huevá es que bajaron los alienígenos, llegaron los pacos y me echaron cagando de mi puesto, sacaron a toda la prensa a puras patadas en la raja y se plantaron para evitar que entrara nadie más, cagadísimos de susto, no fuera que alguien ofendiera a los emisarios.

Los calamares habían llegado la semana pasada, y ahora había algo ashí como un millón de naves del tamaño de Nueva Zelanda rodeando el planeta y tapando el sol. Una huevá increíble, nadie entendía por qué habían venido tantos, si el planeta es tan re chico.

Mas yo que soy vivo, me había aguantado los meados todo el rato desde que llegaron los weas hasta que me echaron los pacos. Y como estaba que me meaba, pedí permiso para ir a mear a los camerinos. Los pacos me la compraron porque había estado allí desde el principio, y entré.

Lo primero que hice fue prender un pucho. Y fui a mear. Pero a mitad del camino se me apareció un tentáculo culiado gigante y me arrastró al medio de la cancha. Allí había otro calamar más gigante que la chucha, y el culiado maricón lo único que hizo fue quitarme el pucho, y se lo fumóooo…

Entonces se fueron.

Después regresaron, pero no acá sino en China, ofreciendo riquesas incalculables a cambio de cigarros. Puta la huevá, fue mi culpa, sorry. Hace un año que los chinos colonizaron Marte y las lunas de Saturno y Júpiter, y dicen que el próximo año se van a la galaxia más próxima a cachar los motes, invitados por los calamares.

Toda China es un gran productor de tabaco. Y el resto nos quedamos cruzados de brazos. ¡Pico para Estados Unidos! A la mierda su weá de seguridad del orto que somos los reyes de la weá y que se pudran. Eso fue lo único bueno.

Y así fue como eché a perder la Navidad, mi Navidad. Mi madre siempre me regalaba un cartón de Marlboro. Quería que me muriera de cáncer. Mala cueva, ya no hay cigarros en el mercado.

Todo se lo llevan los calamares.


Personaje creado por Daniel Guajardo S.

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