La semana pasada fue de locura. Todos los días me tocó quedar en la pega hasta la hora del flaite, instalando Windows originales en los computadores del área de Capacitación.

Pero eso no era todo, porque había que ponerles el antivirus, firewall (no la mugre permisiva que viene con Windows), los controladores, configurar la red wifi, optimizar la memoria y reintegrar los correos y contactos previamente respaldados.

A eso súmenle un almuerzo magro a la una de la tarde, frío y muuucho sueño.

El miércoles nos descoordinamos con Leonardo y lo que yo creía iba a ser una mañana provechosa de trámites, se transformó en la mañana que ninguno de los dos fue a dar la clase pensando que el otro sí iba.

Pfff… de lujo!

Y vamos organizando la papelería, que formatear currículums, que el proyecto éste o aquel. Al final, terminé perdiendo más pelo que de costumbre. Todo porque ayer lunes venía el amigo de la certificadora a verificar que nuestras cuáticas de caalidad estuvieran en orden.

Salió todo bien, por suerte. Pero eso no evitó que juntara suficiente pelo en una bolsa como para tejer un chaleco.

Esta semana promete ser más relax, pero ya aprendí que cuando se piensa que se tiene todo al día, todo listo, todo hecho, nada falta, nada falla… entonces algo ocurre, una urgencia, muy urgente, y vamos perdiendo pelo denuevo.

No me da lata quedarme pelado. Me preocupa que ése es el síntoma visible, porque hay otros que se manifiestan de distinta manera, orgánica o sicótica. Asumo que el insomnio es una consecuencia.

Veamos cuánto aguanto.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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