El lunes my Gaby estaba pal gato de resfriada, así que la fui a ver a su casita. Me recosté a su lado, vimos tele, y me retiré temprano porque hacía frío.

El martes en la mañana estaba piola, fui a la pega, ningún problema. Durante el día me sentí maomeno, y ya entrada la tarde estaba mal. El virus seguramente se había incubado de antes, pero en un sólo día pasé de sentirme como león, a ser una laucha tiritona.

El miércoles era un espectro que deambulaba por la ciudad. Casi no despierto. Vine a trabajar como zombie. Me fui temprano para la casa, pero gracias al transantiago fue como si me hubiera ido a la misma hora de siempre, ninguna gracia.

Ayer me sentí mejor. Igual enfermo, pero nunca tanto.

Y hoy ya estoy mejor. No bien, pero mejor. Además que me llegó la devolución de impuestos, que pensaba que sería un atado… y no. Seguramente el atado no era tan grave (una empresa a la que boletié declaro por otro lado, y había una inconsistencia ahí, tres lukas todas cagonas).

Me podré comprar el refrigerador, al fin.

Espero estar como tuna para la noche, porque mañana me toca pega apícola y el clima no está muy bueno. Mala cueva que haga frío, tengo que dejar las abejas en un sólo cajón o no van a sobrevivir el invierno.

Y me llamaron para hacer un pitutillo teletrabajo. BAKÁN.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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