Corcho se leyó el Dune de Herbert completito de una patada. Y cuando lo terminó, cayó de bruces sobre su cama, en estado de trance absoluto.

Así fue que llegó al verdadero mundo de Duna, que existe en algún lugar del multiverso y donde los Atreides ruegan porque los Harkonen aparezcan y les quiten el mierdal que es este planeta seco y agusanado.

La especia, considerada como el abono que hace florecer la mente y el alma en el resto del universo conocido, que permite leer en los corazones de las personas y viajar a través del espacio sin moverse… huele a infierno cuando está fresquita, recién salida del ano del gran gusano. Todo el planeta huele a mierda. El olor se impregna en los tejidos, en los huesos, y los que llegan a Dune jamás pueden salir. No hay nave espacial que acepte su pestilencia a bordo.

Los Fremen, esos locos fétidos que reciclan sus fecas, orinas, sudores sus muertos, y que mezclan los fluidos reciclados toscamente antes de volver a consumirlos, aman la especia, que es el único ingrediente que saca el sabor a muerto de su agua y comidas.

La endogamia los tiene cagados. Casi todos son turnios o bizcos, chuecos, deformes, incompletos. Es un milagro que sigan vivos.

La especia refinada… es otra cosa. Corcho la prueba… y por un segundo puede ver todo lo que hay en el universo, como si atravesara un aleph y se fundiera con él.

Cuando despierta de regreso en su cama se da cuenta que ha vuelto a mearse mientras dormía. Los medicamentos que toma desde hace una semana son efectivos contra las psicosis, pero le sueltan los esfínters.

Es el precio de ser uno con el universo.


Personaje creado por Daniel Guajardo S.

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