Comienzo a las 23:07 de este domingo 22 de abril aprovechando que Piñera está hablando en el Tolerancia Cero. No me interesa, y a diferencia de la vez pasada, hoy me quiero acostar temprano. Así que lo ignoro.

Mi casa es un témpano. Ahora mismo estoy con camiseta, polerón y chaqueta. Mientras veía a los choros de Tolerancia Cero me tomaba un tecito, con un chalcito en las piernas y el Leo, grande y obeso como es, echado en mi regazo.

Me cago de frío. Levantarme todas las mañanas es una tortura. Por suerte tengo un calientacama (eléctrico), o no podría aguantar.

Y llegar a la hora a la pega me está costando mucho, mucho. No puedo depender de la micro de acercamiento, que pasa cada media hora. No he llegado terriblemente tarde a la pega, quince minutos, a lo más media hora. Pero también estoy recuperando ese tiempo para cumplir con mis horas de trabajo. Mi problema es que a pesar de todo lo flexible que puede ser mi régimen de trabajo, yo soy soporte técnico y coordinador asistente de la plataforma de e-Learning, y me llaman por teléfono o me escriben mails o mensajes y se espera que los conteste en tiempo récord, de preferencia entre las 9 y las 10.

Por eso no me quiero acostar tarde. Mañana pretendo despertar tempranísimo, desayunar como corresponde y salir con tiempo de holgura. (No lo logré, pero tampoco llegué tarde a la pega)

Arreglé el cálefon. Lo abrí y con un alfiler de punta curva destapé uno de los alimentadores que disparan el gas a los quemadores y que, al parecer, estaba tapado. Todavía tiene una llama amarilla sospechosa, pero al menos ya no produce esas explosiones que me sacaban el corazón de la caja torácica a la espera del caput definitivo. Y lo más importante, aproveché de ducharme.

Me despertó el temblor a eso de las 6.20 y seguí durmiendo como si nada. Si hay algo a lo que no tengo miedo es a los temblores. Varias veces en la oficina he sentido como se mueve el piso -en altura los temblores se sienten peor-, pero sigo trabajando o lo tomo para el chiste. Una sola vez en mi ex-casa me tiré debajo de la cama por un temblor particularmente movido, pero no fue el movimiento sino el rugido subterráneo el que me hizo saltar como pulga.

Desayunaba hoy antes de ir a buscar el Tico al mecánico (que lo dejó lleno de cascabeles, según él es normal…) cuando vi en las noticias la escena del tsunami en Aysén.

Casi se me soltaron los esfínter. Pensé que tenía que ver con el temblor de la mañana (no tenía nada que ver, eran eventos de distinta naturaleza), y que eso que veía era una muestra de la tremenda destrucción que (me imaginaba) había ocurrido. Se me vinieron a la memoria las imágenes del último tsunami el Indonesia.

La gente del sur tiene razón en su reclamo, mucho Transantiago y poca preocupación por los enjambres sísmicos. Allá están ocurriendo cosas increíbles desde la perspectiva geológica, hay un volcán naciendo y la posibilidad de un desastre era de perogrullo, a la mierda la incertidumbre de las predicciones. Quizá no se sabía cuándo ocurriría, pero sí se sabía que ocurriría, y este tsunami por desprendimiento era uno de los desastres posibles.

Sigo con lo mío. El Leo se está portando mejor. Una sola vez masticó una pata de mi comedor nuevo y se ganó una paliza ejemplificadora. Los activistas defensores de los animales me podrán apuntar con el dedo cuando me vean pasar, pero ellos no tienen un perro que les muerde los muebles y que hace un chiquero donde quiera que esté. Ygual es querible el won.

Anoche me hice unos fideos y calculé mal la cantidad de agua, perdí todo por egoísta. El Leo se hizo cargo. Hoy hice una crema de pollo, pero exageré en la cantidad de agua y quedó como sopa, y desabrida. Me la tragué igual, acompañada con pan.

Ordenar es igual de difícil que antes. Tengo mucho espacio, y muchas opciones de encubrimiento, pero no quiero, no puedo meter la mugre debajo de la alfombra. Sería como convencerme de lo azul que son mis ojos.

Estuvimos con la Gaby analizando las opciones de Internet con telefonía (no quiero Tv-Cable) y el VTR parece ser la mejor opción. Telefónica tiene una oferta económica, que sumada con tv digital es muy accesible, pero sigue teniendo los mismos problemas que los teléfonos normales: el teléfono viene por cable común y corriente y a no ser que pague por los servicios de bloqueo, cualquiera podría colgarse en mi línea y llamar hasta sumarme algunos millones a la cuenta.

El teléfono de VTR viene por el mismo cable de Internet (y hasta donde sé, come ancho de banda). Es telefonía IP. El único tema es que cobran por adelantado (así es, cobran por consumo presunto), y luego enmiendan descontando de la siguiente cuenta. Pero siguen cobrando por adelantado.

No quiero Cable porque me conozco. Cuando llegue a la casa me voy a instalar frente a la tele y no me voy a despegar. Prefiero ver los canales nacionales (que se ven pésimo) y ponerme al día con las noticias, y el resto seguir haciéndolo por Internet, escribir, leer, investigar e instruirme.

Ya se va Piñera. Dejo este post hasta aquí. Mañana cuando llegue a la pega (ojalá temprano) lo subo.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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