Durante prácticamente todo febrero me he matado de la risa con los apodos que puso el diario La Cuarta al nuevo plan de transporte santiaguino: Translenteja, Transtortuga, Transcuncuna, etc…
Y aunque estuve en Stgo. todo el mes de mis vacaciones, no subí ningún día a ninguna micro. Temía que la multivía del metro no funcionara… y sí funciona. Temía que se me acabara la plata… y todavía no se acaba (en un rato más voy a cargar unas lukas). Temía que no tendría ningún recorrido que me sirviera, pero sí los tengo.
Para llegar a mi pega tomo la 103 donde se da la vuelta, así que me vengo a la pega sentadito. De lujo! Pero al momento de regresar a la casa, todas las micros del único recorrido que va por Pedro de Valdivia van llenas hasta la pisadera. Rayos!
Mañana intentaré un nuevo recorrido, que pasa por Macul (la 212). Probablemente también pase repleta, pero filo, me sirve para conocer. Y hoy tengo que ir al Plaza Vespucio, así que me sirve igual la 212 y otros recorridos que se van por Macul hasta el Metro.
Lo gracioso es que a pesar de lo lento que pueda ser, en muchos casos hay más de una alternativa para llegar a destino. Hay micros que me dejan a un kilómetro de la casa (la 103) y otras que me dejan a 100 metros (la 212), pero no me sirven de igual manera, dependiendo del horario en que las tome.

“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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