La Muñeca
Eran más de las tres de la mañana. Veníamos de un carretito en Bellavista donde nos sentamos a tomar y comer con mi Gaby, mis dos hermanas, la Katy y una amiga de ella. Decidimos pasar a mirar a la Pequeña Gigante, ya que no habíamos podido verla de día, aunque fuera mientras dormía.
La plaza de la Constitución era un chiquero, un horrendo basural. Y estaba repleto de gente. Repito, eran más de las tres de la mañana, la pequeña dormía y la gente le tomaba fotos y se la quedaba mirando, quizá con la esperanza de verla despertar depronto.
Nos tomamos esa foto gracias a la gentileza de un fotógrafo aficionado que estaba junto a nosotros. La cámara digital deja abierto el obturados por lo menos ocho segundos después de lanzar el flash, con la esperanza de captar la luz que venía del fondo. Es automática.
Y así quedó, la muñeca se ve clarita. Nosotros nos movimos un poco (eran ocho incómodos segundos, y nunca me gustó jugar a la momia). Pero quedó bien.
La vimos. Hubiese preferido verla en persona, pero el caos humano era desbordante.

“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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