A una semana de la muerte de Lonkito, apareció este perro.

La Gaby y la Jime estaban en mi casa sin el Tico y querían que las fuera a dejar a su casa en el Guajamóvil. Me acobardé, porque no sé manejar ese trasto automático, que es el doble de grande que el Tico y el triple de caro. No me quería arriesgar a poner en peligro las vidas de una rana y su hermana simio.

Así que las fui a acompañar a la micro. Ahora la 136 que siempre ha pasado a una cuadra de mi casa, pasa a tres cuadras de la suya. Y la estábamos esperando cuando vi algo que se movía a lo lejos en la esquina de Santa Rosa con Sebastopol, una cosa chica y negra.

Entremedio oí los gemidos de un cachorro. Mi cabeza hizo algo que no hace muy seguido, juntó estos dos hechos y sacó por conclusión que se trataba de un perrito (quizá perdido) que venía corriendo desde Santa Rosa y que iba por la calle, a punto de morir atropellado.

Cruzó hacia donde estaban unos niños, les hizo show, ellos le dieron una rascada y el perrito siguió corriendo y gimiendo. Estaba perdido.

En eso le llamé la atención a la Gaby y la Jime por ese perrito. Vimos como casi lo atropellan. Cruzamos la calle para rescatarlo cuando se detenía ante unas vuejujas, y regresamos a donde creíamos que podía estar su dueño, cerca de Santa Rosa.

Era más probable que lo hubieran abandonado, o que se hubiera salido a la calle y ahora estuviera perdido. Estábamos elucubrando acerca de su origen cuando vino la micro. “Llévenselo” dije, porque en ese lugar se iba a perder o se iba a morir, y en mi casa me iban a echar con perro y todo. Haberles llevado la Keka de contrabando fue suficiente.

Subieron a la micro con el perrito en brazos y se fueron. En su casa no lo quisieron al principio, pero al día siguiente ya les habían hablandado el corazón.

Él avisa cuando quiere hacer kk. Se aguanta hasta que lo dejan salir al patio. Y hace pipí sólo en lugares habilitados. Y ahora está en la etapa destructiva y agarra cuanta pulga y garrapata surgen de la tierra, así que hay que comprarle el químico para los parásitos de la piel y otro para los estomacales, además de un juguetito para que no rompa los sillones.

Es un perro afortunado.

“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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