Hace tiempo el Nacho Lajara me habló de varios grupos que quería tener en su colección. En esa época hacía búsquedas de música con el Kazaa por encargo y cobraba por las molestias. El balance siempre fue negativo en dinero, pero muuuuy positivo en conocimiento.

Ahí conocí a este grupo, At the Drive Inn y su disco Relationship of command, un choque gutural ecléctico, que comparado con sus anteriores incursiones punkosas es una pieza de arte, se nota que le metieron corazón.

De este disco destaco todos los temas, pero uno en particular, “One armed scissor”, que escucho ahora mismo mientras escribo esto, me produce ganas de hacer música.

Junto con esas peticiones extrañas venían los clásicos de los 90, mis favoritos grunge, algunas punkadas y rock, mucho rock. Escuchar a Nirvana más de diez años después me devuelve a esa época, el colegio, la ignorancia, la dicha y la esperanza, el descubrimiento.

Recuerdo haber visto el video de “Smell like teen spirit” el verano anterior a su aparición en las disquerías de Chile. Fue como ver en el futuro, una mañana de sábado me tenían sacando brillo a la galería mientras veía videos musicales en un canal que no era tal, parece que era La Red o algún otro experimento que probaba su señal pasando videítos. Y entre ellos, depronto, una guitarra y un rubio que gritaba, música simple, mísica que salía de sus entrañas… Y SUBTÍTULOS!!! La canción tenía subtítulos, qué fascinación entender lo que decía Kurt cuando todavía nadie pronunciaba su nombre en Chile ni se sabía nada del grunge.

Me quedé pegado viendo el video, a las sheer leaders, los slam dancers repentinos y al personaje enjunto con su guitarra gruñendo a toda boca.

Ese mismo año comenzó a sonar el single en las radios. Luego todos lo cantaban, lo bailaban a patadas en las fiestas. Yo me acordaba de haberlo visto pero no recordaba de qué trataba.

También había grupos nuevos que bajé por mi cuenta, “i have a date with the night” cantaba la mina rara de Yeah Yeah Yeahs una tarde en MTV. Corriendo conseguí el disco y fui golpeado por la simpleza y el ruido, y la voz de mi socia escupidora. Buenos temas en su primer disco. Ahora escucho el segundo y ya no es tan crudo como el anterior, pero mantiene esa violencia camuflada en arreglos de productor codicioso.

Y los Whirlwind Heat, esos pendejos me hicieron soñar que podía armar un grupo con puro bajo y tarros, con el Nacho queríamos hacer ese grupo. Hasta teníamos un tema. Bajo y batería, sólo faltaba que aprendiera a cantar. Puedo cantar, soy entonado y para punkear no se necesita ser muy entonado, pero mi garganta no aguanta más de diez minutos de alaridos. No tengo técnica.

No tengo ese disco a mano o lo estaría escuchando a todo chancho, cosa que no hago muy seguido, poner el disco a todo chancho.

Hail to the thief de los Radiohead me devolvió la fe en ese grupo llorón. Me encantan, fueron mi banda sonora por muchos años junto con Portishead, pero son muy llorones. Ahora retomé el punk iracundo, el ska juguetón, el rock básico con buena melodía vocal y la rareza alternativa que se disfruta con los ojos cerrados.

Los Pixies me agradan pero no me gustan. Su juego con los tiempos huele a patraña emprendedora pero patraña siempre, “hago lo que quiero pero me gusta el dinero”. Los escucho cuando estoy aburrido. Tienen temas buenos ahí, para mi oreja al menos. Pero no todos.

Yo soy más de la música ordenada, más o menos producida, dónde va la A y cuándo el Interludio.

Por un tiempo escuché los Boom Boom Satellites (tengo todos sus discos), pero ya me cabrearon, son muy redundantes, escuchar un tema es como escucharlos todos, salvo excepciones que entre todas hacen un EP de lujo. Lo demás es puro aire.

Me quedo con el Opening de Nana llamado “Rose”. Soy un ñoño mamón, me encanta esa serie, colecciono sus capítulos, sufro con Hachiko porque su novio la engañó y ahora sale con un músico famoso pero está enamorada de otro músico que es como su mejor amigo. Pobrecita Nana. Peor que Candy, muy lejos de Robotech, Marmalade Boy es una alpargata.

Vi el primer capítulo de la serie porque la gráfica me pareció interesante (no era como otros animés que he visto) y porque aparecía una rockera. De entrada el tema del Opening me gustó, y la historia tiene harto humor como para hacer del drama un asunto soportable. Y TIENE ROCK.

Claro que el rock japonés, hasta la versión más chacal de death metall, tiene algo de pop chillón. Una vez vi un video de un gil con pinta de Marilyn Manson escupiendo las cuerdas vocales… y a mitad del tema hacían un coro como de Dragon Ball Z.

Están cagados estos japoneses, hasta el producto más original está sobreproducido, la imagen de los integrantes del grupo es sólo un artefacto más y en todos los temas hay algo de pop, parten con A, siguen con B, agregan una C, vuelven al B y pongámosle una D. ¿Qué tienen en sus tímpanos? No son nada de eclécticos, sólo son glam.

Como los grupos que suenan en MTV con la chapa de Rock, glam superproducido, música de cartón que suena bien en la oreja, pegajosa, pero de cartón. Como los Green Day, que cayeron en el juego y ahora usan ropita limpia y ajustada, aros relucientes y se pintan los ojos, hasta ponen cara de madres en los videos y conciertos, nada de cara de locos.

No me gusta el glam. Ni el emo. No.


“Mi origen es mi destino” – Ningen Janai

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