Alguien dijo “podríamos hacer una planta nuclear en Chile” y el apocalipsis se nos vino encima. Bastó con recordar los desastres de Chernobyl o el de la planta de Three Mile Island en Pensilvania. El mundo se espanta ante la posibilidad de un desastre de esas características en nuestra larga y angosta faja de recursos naturales. ¿No es suficiente con las mierdas que vierten las industrias en el Zanjón de la Aguada o los Riles “inocuos” de las papeleras en el sur de Chile?

Desastre nuclear
Bueno, la imagen de una planta nuclear instalada en medio del verde paisaje y rodeada de casas es una estúpida idea, imbécil idea, los ejemplos de imbecilidad cuántica vistos en el extranjero demuestran que hasta el más experto de los equipos humanos puede fallar por un simple problema de fatiga de materiales o falla de un circuito eléctrico o simple falta de sueño.

Pero Chile es muuuy largo y hay zonas donde no viven ni las moscas. Hablo del desierto, inmensas extensiones de desierto. Una planta nuclear mediana podría abastecer la gran cantidad de enclaves mineros del norte y las ciudades aledañas, liberando al sistema interconectado de ese peso y a su vez permitiendo una mejor repartición del recurso energético en el resto de las regiones más al Sur.

Pero está el problema del agua. Una planta nuclear no crea energía con aire radiactivo, sino que sigue el mismo principio de las hidroeléctricas y las termoeléctricas. El agua se mueve (en forma líquida o de vapor) y este movimiento hace girar las turbinas que producen electricidad. En el caso de las plantas nucleares son los elementos radiactivos los que generan el calor, evaporando el agua y generando la presión necesaria para mover las turbinas.

Gracias a eso tenemos computadores y acceso a Internet, televisión, radios, luz, etc. Gracias al agua. Y hay un lugar que está lleno del recurso: el mar.

¡Tranquilos! No pretendo decir que se instale una planta nuclear en el desierto al lado del mar, eso es igualmente imbécil. Pero la misma planta nuclear puede, entre sus procesos, abastecerse de agua de mar a través de una gran cañería, con bombas eléctricas o con torres de agua. Sólo queda el problema de la sal, que seguramente algún genio podrá resolver… si es que no se ha resuelto ya.

Y ésa es la solución. Tendríamos una (o más) plantas nucleares instaladas en pleno desierto en el norte de Chile, a distancia segura de cualquier asentamiento humano, regularmente controladas (24×7) para asegurar su seguridad, abastecida de agua de mar mediante cañerías.

Los desechos resultantes serían tratados en una planta paralela para su transporte seguro a un basural tóxico. Hay uno en Argentina, me parece. Nada de andar tirando la mugre radiactiva al mar, porque lueguito los van a pillar, la gente va a morir, los peces van a desaparecer y por eso alguien va a dejar de hacerse millonario. Mala idea.

Los costos de toda la operación, desde la extracción del agua, la generación de energía, y la disposición de desechos serían traspasados al consumidor, por supuesto. Nadie quiere subvenciones que atraigan corrupción. Y el consumidor sería principalmente la industria minera.

¡SOLUCIONADO!


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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