Nunca me había reído tanto por semejante barbaridad.

Acabo de revisar mi correo y me llegó este mensaje con el título “¡Si Ud. no actúa hoy, mañana podrá ir a la cárcel por no aprobar la homosexualidad!”.

Tengo la seguridad que más de algún Opus-Dei con silicio tomará este mensaje como una declaración justa y con fundamentos, sobretodo porque estamos en un gobierno “libertino y corrupto que pretende aprobar el aborto y las adopciones por parejas homosexuales y cuanta conducta que atenta contra la moral y las buenas costumbres”.

Eso de las “buenas costumbres” me suena tan falaz que no sé si valga la pena rebatirlo, pero algunas de esas mismas personas que protegen la familia y sus intereses propietarios, son las que apoyaron las violaciones a los derechos humanos y le prenden velitas a Pinochet.

El mensaje que todavía me llena de risa decía lo siguiente: (copio y pego) “Esto que le escribo, mañana podrá ser delito. Ud. no va a creerlo, pero, dentro de poco tiempo, ¡ni Ud. ni yo podremos profesar públicamente nuestra adhesión a la Moral cristiana! (…) Sí, la Cámara de Diputados aprobó el “Proyecto de Ley que establece medidas contra la discriminación” (Bol. N° 3815-07). Por su parte el Senado también lo aprobó en general y ya se encuentra en 2° trámite. En virtud de esta ley se prohibirá cualquier “restricción… por acción u omisión” a las conductas homosexuales. Y esto con penas de hasta 5 años de cárcel. (…) Es la propia libertad de profesar la religión católica que está amenazada en Chile”.

Y sigue: “La moral cristiana queda así fuera de la ley gracias al lobby homosexual, que declara en forma jactanciosa: “Desde hace ocho años que veníamos luchando porque las autoridades elaboraran una norma que considerara la orientación sexual y lo conseguimos””.

Comprendo que algunas personas teman por la orientación sexual de sus hijos, sus vecinos o la suya propia, el homosexual de clóset es el más abundante de la fauna nacional y está en todos los estratos socioeconómicos, pero de ahí a pensar que alguien va a ir a la cárcel por simple homofobia (la misma que nos enseñan en nuestra casa y nuestros amigos súper machos que luego descubrimos son más gay que los caracoles)… o sea, ser homofóbico es una cosa, pero discriminar es otra totalmente distinta.

Súper simple. Trabajo en un lugar con hombres y mujeres, sin importar su orientación sexual. Un día descubro por accidente o por declaración tácita que uno de mis compañeros es gay. ¿Debería influir en mi desempeño laboral? Imposible, a no ser que este compañero muestre conductas “inapropiadas” para un lugar de trabajo estándar, o que yo mismo actúe de manera inapropiada por su simple presencia.

La homofobia, créanme, es difícil sacársela de la cabeza.

O sea, en la carta de la esta agrupación homofóbica cristiana dice, en resumen: si usted no apoya la libertad sexual, no podrá ser católico porque lo van a meter preso. Eso no tiene ni pies ni cabeza… pero analicémoslo.

Ser homofóbico no es necesariamente un delito. Discriminar en el trabajo, sí lo es. Eso está clarito y no merece más análisis.

Ser católico de ninguna manera depende de la sexualidad. Está lleno de curas que por homosexualidad encubierta prefirieron dedicarse a Dios, y hacen bien su trabajo. Hay otros que no, que son pedófilos… pero esos no necesariamente son gay. Hay de todo en este mundo, en realidad no se necesita usar sotana para ser santo, y la sotana no quita lo demonio.

¿La libertad de culto queda amenazada por esta ley, en particular la religión católica? ¿Es broma? Una religión por esencia homofóbica no podría quedar amenazada, salvo que promueva la discriminación.

Además… ¿Quién es el o los pechoños megaterios que se adjudican la voz de todos los chilenos cristianos en este asunto? Son Luis Montes Bezanilla y Juan Antonio Montes Varas de “Acción Familia, por un Chile auténtico, cristiano y fuerte”.

A ellos, de corazón les digo, me han hecho reír hasta el agotamiento. ¡Pero por favor, no pierdan el entusiasmo! Siempre habrá algo que atente contra la familia, desde Pikachu, los Teletubies, Barnie, los helados fálicos, el clóset… todo atenta contra la unidad del núcleo básico constitucional de la sociedad chilena. Tienen harta pega.

“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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