Que no se deformen mis palabras...
Hoy me ocurrió algo muy extraño. Estábamos en nuestra primera reunión de chat con mis colegas del proyecto Previene, y yo estaba desconectado del hilo de la conversación porque en eso llegó mi padre a usar mi compu, para buscar no sé qué. Y cuando por fin lo soltó, ya me había perdido como quince minutos de cháchara.

Entonces una de mis colegas me resumió el tema de la conversación, y yo, retomando el “tono” de chiste que había en las líneas que la precedían, hice un comentario críptico de esos que no es necesario entender ni explicar cuando estás entre amigos.

Ese fue mi gran error, presumir el “tono” de la conversación, y presumir que el comentario sacaría alguna risa del tipo “jajajaja” y un “el Daniel y sus comentarios”. Pero en cambio mis colegas presumieron un “tono” en mi comentario que generó varias páginas de “¿qué habrá querido decir con eso?”. Y estoy haciendo un gigantesco esfuerzo para no imaginarme sus rostros al hacerse esta pregunta, porque seguramente veré muecas que seguramente no hicieron.

El Chat es un arma de doble filo, porque constantemente tienes que explicar tu “tono” con caritas y dibujitos, para que se note que estás siendo jocoso o sarcástico o que simplemente estás alegre o triste.

Pero cuando no se usan los emoticones, se corre el peligro de una interpretación errónea del sentido de las palabras. Si digo “mejor me pego un balazo”… imagínenme diciéndolo con una sonrisa y un gesto de payaso… luego imagínenme diciendo lo mismo, pero ahora con los ojos inundados en lágrimas.

En ambos casos dije “mejor me pego un balazo”, pero la “actitud” era diferente. Si digo esa misma frase y ustedes no tienen cómo imaginar cuál es mi actitud o tono del momento… ¿Qué van a pensar? Y si venimos hablando hace rato de puras desgracias y como me estoy deprimiendo por no tener pega… luego hago ese comentario… ¿alguien podría pensar que lo estoy diciendo en serio? ¿Bastaría una carita feliz o un diablito al lado para cambiar el sentido de la frase en su totalidad?

Por eso al final de la reunión en el chat terminé bombardeado de llamados telefónicos preguntándome, esta vez en tonos audibles de desconfianza, qué había querido decir. Tras lo cual, traduje una parte de lo que había pensado en el momento que dije lo que dije y parece que hice mal la traducción, o me reí mucho, porque al final quedaron todos enojados conmigo.

JAJAJA! (Escribí los jajás con mayúsculas, eso quiere decir que me estoy riendo a carcajadas estridentes). Esto sólo puede solucionarse mirando las caras de la gente y permitiendo que vean la tuya, en tiempo real.

Otro peligro del chat es más conocido, donde yo finjo estar de lujo, cuando en realidad estoy como la callampa… o vice versa. Si no nos viéramos por una webcam, nadie podría notar la diferencia.

Mi conclusión es que los trabajos en equipo a través de chats son una pésima idea, partiendo de la base que no todos tenemos la misma cultura computacional o códigos de chateo.

Así que filo con el chat, se presta para puros malos entendidos. Igual lo tengo que usar… ¡Se pudrió todo! (Este último comentario a modo de cierre lo estoy expresando con acento argentino y las manos en ese gesto italiano que los argentinos imitan tan bien, en un claro tono de sana burla, esperando infundir el verdadero espíritu de mis palabras en el entendimiento de los que me leen, rezando por que no hayan entendido que me estoy pudriendo o que ojalá se pudrieran todos o que sus bocas huelen a podrido o algo por el estilo, cosas que están muy lejos de la frase exacta y su espíritu original).


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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