Sí, es obvio. ES OBVIO. Si exijo mis derechos, es porque he cumplido con mis deberes.

Si exijo mi derecho a la educación superior, es porque cumplí con mi deber de estudiar e informarme correctamente de los caminos a seguir y mis distintas opciones.

Si exijo mi derecho a una tarifa más baja para lo que sea, es porque he cumplido sistemáticamente con mi deber económico ante el fisco y la sociedad, o sea: consumo, pago mis deudas y mis impuestos, no robo.

Si exijo mi derecho a reunirme con otra gente para marchar y protestar, es porque he cumplido con el deber social de ser una persona civilizada, y he llamado a la calma cuando alguien ha llamado al desorden, y me he preocupado de ahullentar a los enmascarados que empañan mi causa.

Si no cumplo con mis deberes, no tengo moral para exigir mis derechos.

Por supuesto que hay derechos inalienables e irrenunciables, como el derecho a la vida, a vivir en un ambiente tranquilo y libre de contaminación. Y hay deberes gubernamentales que no se cumplen, porque no se pueden cumplir sin dejar a mucha gente cesante, dícese de el cumplimiento de las leyes medioambientales y el mínimo sentido común.

Por eso hay que luchar, no por el precio de una prueba que bien podría costear si ahorro la plata del cigarro y del copete durante un año.

Es muuuuy fácil ser un parásito, exigir soluciones y no aportar nada a cambio.

Hay personas que tienen todo el derecho a reclamar y no pueden cumplir con sus deberes porque las condiciones no están dadas. Pero ése es un porcentaje de la población que está identificado y que recibe la ayuda cuando corresponde o cuando reclaman por ella.

Y hay personas que quieren todo en bandeja, le lavan el cerebro a los adolescentes que están en edad de creer los discursos sociales y de “hagamos lo imposible”, los mandan como carne de cañón a protestas y tomas y luego cosechan los beneficios de su estrategia política sin moverse de sus escritorios. Así derrocan a sus adversarios y/o suben en la escala de poderes.

En resumen: tenemos a un grupo de personas que reclaman con justicia por sus derechos; también tenemos a un grupo de personas que reclama por derechos que les corresponden pero que no cumplen con sus deberes; y tenemos a personas que manipulan el ambiente con fines egoístas pero que dan a entender que es por “el bien común”.

Así llegamos al Chile de hoy: una masa de personas ignorantes de sus derechos, personas que exigen sus derechos pero ignoran sus deberes, personas que cumplen con sus deberes pero no se les aseguran sus derechos; y están los políticos que tranquilamente desde sus casas calefaccionadas ven los desmanes en los noticiarios con una sonrisa de satisfacción y el gato en el regazo.

También están los que luchan por los derechos ajenos, y de esos hay pocos.

También están los encapuchados que por causas que se investigan, gozan con la destrucción y el saqueo. Puro lumpen, pero también personas que parecen sensatas.

La imagen del Chile que reclama en las calles hoy es muy confusa. Se ve política en el fondo pero no hay conceptos claros. Muchas arengas y apologías pero ninguna propuesta realizable, sólo pedradas y gritos sin diálogo o llamados a la utopía.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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