Morí. No sé cómo morí. No importa cómo morí. Lo único que permanece es la sed.
Todo lo que hice, lo que dije, lo que quise… todo está olvidado. ¿Para qué me sirve?
Morí y estoy en el infierno. Supongo que cada persona tiene su propio infierno, o ya habría visto a otro desafortunado en este infierno mío.
Estoy en una gran explanada vacía, seca, caliente de puro sol que siempre está en el cénit. Y tengo sed.
Delante de mí corre un río, a no más de diez metros. Lo puedo ver, a veces puedo sentir su frescura. Avanzo hacia él y nunca llego.
El río tiene una sola orilla y es la de enfrente.
Claro que sí es posible. ¡Es el infierno! No importa cuánto avance, siempre estaré al lado de acá del río, donde no tiene orilla.
Y siempre estaré muerto de sed.

Fue casi una pesadilla. Sin comentarios.

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