Mis vecinos de atrás salen de vacaciones por varias semanas todos los enero y/o febrero. No los conozco, no me conocen.
¿Y cómo lo sé? Porque los hijos, o la persona que dejan cuidando la casa, se larga en una seguidilla de carretes noche tras noche hasta el amanecer.
Este año partieron la noche del 16 de enero. Gritos, risotadas, música a todo chancho (y no cualquier música, sino el rajatón más flaite del mercado).
Mi habitación da al patio de ellos. Ése es mi karma. Y el hueveo no cesa una noche por cansancio. Si parece que son varias personas las que se turnan para carretear.
Por lo menos todavía no aparece el hijoputa que se ponía a tocar guitarra a las 3 de la mañana. A ése lo odio con el alma.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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