Una típica antena en medio de una población pobre

La Gaby me contó.
Cerca de su casa, en una plaza pública de las pocas que hay en esa zona de Puente Alto, se contruyó con ladrillos una caseta sospechosa. Inmediatamente, sin mediar explicación alguna de qué hacía esa caseta en medio de la plaza, los pobladores se organizaron para protestar contra la futura antena de celular que les querían instalar en frente de sus hogares.
No pasaron muchos días cuando alguien, anónimo, prendió fuego a la construcción. Hasta ahí me paece un excelente ejemplo de ejercicio de la ley en manos ciudadanas, “nadie me instala una fuente cancerígena el lado de la casa y se va con las manos peladas”.
Más probable es que se tratara de drogadictos de la zona. Un poco de bandalismo en beneficio real para la comunidad. Quién lo hubiera pensado.
Pero la historia no termina aquí. Apenas una semana después surgió el rumor de que las antenas se iban a instalar igual, que había un camión con grúa cerca, no me quedó muy claro el cagüín. Pero la reacción me sorprendió.
La turba, lumpen de toda clase, señoras con guagua, adictos varios y principalmente pendejos que aún no aprehenden a cabalidad las leyes de la impunidad, partieron a lo que quedaba de la caseta como quien va a linchar a un violador de niños, y con cuerdas, combos de hierro y cadenas echaron el pequeño edificio al suelo.
Ahí se hizo la fiesta. “Al infierno las antenas de celular. Aquí no hay problemas de señal, vayan a ponerlas en el barrio alto a ver qué les dicen”.
¿Y si no era una antena de celular? Y si era Wi-Fi gratis para todos? O si la caseta iba a ser el quiosco de algún esforzado trabajador que se ganó la franquicia de ese metro cuadrado?
Ninguna de las anteriores. Nadie sabía para qué era la caseta. Nadie informó a la comunidad. Nadie avisó qué se iba a hacer ahí en medio de una plaza pública donde juegan niños. Y el sentido común dicta que en esos casos hay gato encerrado.
Tal vez se verá en algún medio de comunicación nacional qué fue lo que ocurrió allí realmente. Hasta donde sé no hubo muertos ni heridos, pero seguramente no faltó el pelota que puso el pie justo cuando se caía un ladrillo.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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