Un lunes como cualquier otro.

El reloj suena a las 9 de la mañana y lo dejo sonar un rato mientras me desperezo. Casi puedo recordar todo lo que soñé, y dedico algunos minutos a recorrer todas las imágenes que aún persisten en mi memoria, para analizarlas más tarde.

La Gaby ya se fue a trabajar asu herbario, que está un poco lejos pero por la carretera se demora apenas veinte minutos en la camioneta. Se llevó al Guajardito con ella, porque el cabro está de vacaciones y le gusta la naturaleza.

Cuando son las 9.30 me destapo, pero no me levanto. Hago abdominales por tres minutos, descanso tres, hago tres más, descanso tres, hago los tres últimos minutos de abdominales y me quedo en la cama hasta las 10, meditando, analizando los sueños o simplemente inventando historias fantásticas para contarle a los niños antes de dormir.

A esa hora me levanto, recolecto del clóset un boxer, polera y pantalón. Me calzo las pantuflas y voy a ducharme. Diez minutos después salgo de la ducha renovado.

Voy a la cocina, me sirvo un vaso de leche descremada y algunos trozos de fruta. Llevo todo a mi habitación y allí desayuno mientras leo las noticias y los blogs de amigos y temas que me interesan en el Bloglines.

Luego reviso el correo electrónico a ver si hay algo interesante, seguramente algún comunicado de prensa. A continuación recorro las distintas fuentes de información donde están las noticias que le interesan a mis lectores, recolecto todo lo que me pueda servir y comienzo a recocer y publicar noticias en mi portal noticioso súper segmentado y súper visitado.

Cuando dan las 12 de la tarde ya tengo las noticias del día publicadas. Llamo a la Gaby para saber qué quieren almorzar. Probablemente verduras al vapor, salteadas luego y sasonadas con cariño, más algo de proteína animal como un trozo de pollo o pescado. En nuestra casa no se conocen las frituras. Meto en la juguera algunas frutas de estación y hago un delicioso zumo muy vitamínico.

Mientras tanto, el computador me avisa que tengo varios nuevos correos y que debería revisarlos. Una importante empresa del rubro que me concierne ha decidido que quiere realizar una campaña y que mi diario electrónico es el que está mejor enfocado a su público objetivo. Resumen, hay harta plata por varios meses. Hago la propuesta, la envío por correo y llamo al teléfono para verificar si lo recibieron correctamente. Más tarde u otro día concertaré una entrevista para ver el tema o cerrar el trato. Ahí tendré que levantarme más temprano, pero qué va, no es tan malo.

A las 2 de la tarde llega la Gaby con Guajardito a almorzar. Al cabro chico no le gustan las verduras pero sonó nomás, las golosinas son para los cabros tontos.

Después de almuerzo vemos alguna comedia en la tele y dormimos la ciesta. La Gaby se va a hacer asesorías y concretar proyectos por ahí, mientras el Guajardito sigue durmiendo la siesta, cabro flojo. Cuando se despierta enciende el televisor y ve algún programa documental de animalitos. Como está de vacaciones tiene permiso para ver harta tele, pero nada que sea estúpido. A veces me hace preguntas de cabro chico y yo le contesto bien serio, o dibuja o juega.

Mientras tanto, si no hay más negocios en el correo, me desconecto de eso y me reconfiguro para escribir. Retomo algún cuento o novela pendiente, leo los mensajes en el foro del TauZero, me mando las partes, hago y deshago en mis mundos personales.

Cuando dan las 6 de la tarde salimos con el cabro chico a dar una vuelta. Llevamos al heredero del Goldo para que coma pasto, bien seguro en su arnés para roedor. Hablamos de hartas cosas, de películas, de libros, de monitos, comix, la playa, los abuelos y abuelas, las cosas buenas y malas que hay en el mundo y cómo enfrentarse a ellas.

La Gaby nos pasa a buscar, volvemos a la casa y si estamos con ánimo, salimos todos juntos (esta vez sin descendiente de Goldo) a pasear o ver una película. O simplemente nos quedamos en la casa tonteando.

Cuando terminan las noticias Guajardito se va a acostar, no importa cuánto reclame. Le leo un cuento (que yo mismo escribí) y si no le gusta, procuro averiguar por qué no le gustó y ahí podríamos estar discutiendo y recreando la historia por horas, pero ni tanto porque la Gaby se enoja, el cabro chico tiene que dormir.

Cuando el reloj marca la media noche ya estamos acostados y listos para dormir. En este rato hemos conversado, nos hemos amado, a veces discutimos leseras. Guajardito está raja y no lo despierta ni un terremoto, aunque a veces se levanta sonámbulo, cabro leso.

Y casi todos los días son así. A veces vienen las amigas y amigos (y colegas) de la Gaby y se la conversan hasta tarde, hay que echarlos a palos. Otras veces llegan mis amigotes y/o amigas, y cuando la Gaby me lanza esa mirada inconfundible, les pido que se marchen porque estoy muy cansado.

Los fines de semana, sobretodo los sábado, trabajamos con las abejas que están instaladas en el herbario de la Gaby. Para eso dejamos al Guajardito con alguno de sus abuelos, ahí los vamos turnando, y como el cabro es medio rebelde no se lo pelean.

Y todos los domingo inventamos algo nuevo que hacer. Pero antes hacemos aseo, sacamos las arañas de debajo de las camas, lavamos la ropa y la ponemos a secar, limpiamos el piso y los armatostes de la cocina, dejamos todo lo más limpio posible. Guajardito tiene prohibido dejar sus juguetes en cualquier parte, o se van a la basura.
Después almorzamos y ahí vemos pa dónde nos vamos. Prohibido trabajar. Así, cuando llega el lunes, estamos frescos y relajados.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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