PanchaJana

No tengo recuerdo gráfico de ese día, así que la foto, aunque es la misma gente involucrada, no corresponde al evento que procedo a relatar.

Era una tocata en La Bandera. La organizaba un grupo muy cuático llamado Ecaedrón o algo así de siútico, cuyo vocalista era conocido como El Yegua. Cuando tocaron pusieron un casete terrible viejo con carmina burana. Eran muy cuáticos. Muy simpáticos. Muy disfrazados.

Esa noche yo estaba con ánimo. Nos tocaba de los últimos. En realidad estaba ansioso. Y me puse a tomar. Tomé harto. Tomé mucho.

Cuando llegó nuestro turno, estaba medio borracho. Según yo, estaba listo. Arriba del escenario toqué como el hoyo. Lo bueno es que por la amplificación casi ni se notó. Ahí seguí tomando. Puro tinto.

Cuando bajé del escenario estaba como piojo. Y ahí me pegué la cachá. Para soportar el miedo al público necesitaba tomar. Tenía miedo al público porque tenía miedo a equivocarme.

Temía equivocarme porque no estaba seguro de mis capacidades como bajista. Me sabía los temas de memoria, pero siempre me equivocaba. ¿Por qué? Porque estaba pendiente de no equivocarme.

Cuando dejé de prestarle atención al tema… a mis manos sobre las cuerdas, dejé de equivocarme. Así de sencillo. Entonces puede ocuparme de otros asuntos. El pulso, el ritmo, la onda, el hueveo.

Y ya no necesité copete. Después tomaba al final de la tocata, por gusto.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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