Flyer

Kitsch –> adj. “Dicho de un objeto artístico: pretencioso, pasado de moda y considerado de mal gusto”.

Así lo define la RAE y calza justito. “pretencioso, pasado de moda y de mal gusto”. No podría haberlo dicho mejor.

Y allí estuve, bailando rarezas de Locomía y “este amor ya no se toca” de Yuri. La lista es muy larga, y de todo lo que oí no podría rescatar ningún item para catalogarlo como no-kitsch. Pero eso no lo hace malo, había música muy antigua, de mis abuelos incluso, y videos e imágenes sacados de programas ochenteros como El Festival de la Una, Éxito y el Sábados Gigante original.

Lo mejor, primera vez que entro a la Blondie y me gustó. La fauna era tan variada que nadie se fijaba en mi falta de ritmo para flectar las rodillas al bailar. La Gaby la gozó como cabra chica, me parece que se sabía todas las canciones… y cuando tiraban soldaditos de plástico y tiritas fosforescentes allá estaba ella esperando que le llegara algo a las manos o recogiendo cuanta cosa del piso.

Fue una noche bakán. No lo había pasado así de bien, viendo todo lo raro del Santiago más raro en una misma jornada.

Primero, en la micro por la Alameda rumbo a la Blondie subieron unos punkies glam. No eran solamente punk, recalco que eran GLAM. ¿Cómo se explican las chaquetas de cuero rojas remachadas con precisión, los bototos Caterpilar, las mechas perfectamente peinadas, el maquillaje y los piercing de plata? No eran cualquier punk anarkista, eran punkes con clase, perfectamente afeitados y sin olor a raja. He conocido a punkes que sin ser rotosos, eran la verdadera imagen del punk, desaliñados, limpios pero con la misma ropa de todos los días, con sus ideas claras y un claro gusto por la mocha.

No llegué a tener miedo, porque los punkes, por muchas puntas de fierro que lleven en sus ropas, o por muchas palabrotas en su vocabulario, no son mala gente. Sólo hay que ignorarlos sin ser descortés.

Se bajaron antes que nosotros, en esa extraña disco que está entrando por Maturana (creo). Y seguimos hasta el metro ULA y allí nos bajamos, encontramos a unos amigos y partimos a tomar algo en un sucucho cercano. Esto no es mito, en la Blondie la lata de cerveza cuesta luka. Así que nos tomamos unas escudos afuera, la Gaby puso “Vouge” en el woorlitzer y más de alguno de los presentes dejó a sus brazos seguir el sinuoso esquema.

Para entrar a la famosa fiesta había que pagar una entrada de cinco lukas. Gil yo, había olvidado unos flyers en la casa y me podría haber ahorrado mil quinientos pesos por entrada. Malacue nomás.

Una vez dentro bajamos y nos dirigimos al centro de la pista. Allí bailamos. Más tarde nos acomodamos en un borde, debajo del DJ donde estaba más fresco el aire, para ver el show.

Pepito TV animaba. Cantó el Pollo Fuentes, el grupo Malibú (creo que no los había visto jamás, pero me sonó una de sus canciones), el Salo Reyes y Eduardo Valenzuela. Fue simpático verlos en vivo cantando con sus propias voces. Y el público los vitoreaba con respeto y adoración.

De vuelta a eso de las 4 de la madrugada, la micro se llenó de menores de edad borrachos y chiquillas buenas pal garabato. ¿En qué estarían pensando sus padres? ¿Cómo le irá a mi hija en su sesión de estudios en la casa de su amiga?

Luego subió una pareja, ella estaba muy volá. Se la pasó cantando y respondiéndole a un pasajero imaginario, como si alguien le hubiera dicho algo. Hasta se mofó del sombrero de un gilipollas que se había levantado esa mañana pensando “qué haré hoy para verme más estúpido que de costumbre”.

No hubo heridos. Sólo hubo risas, desde el principio hasta el final. Hasta los punkes eran cómicos. Incluso la fauna heterofóbica y las tropas de colocados fueron extremadamente cómicas.

Está para repetirlo.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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