¡Para de gozar! ¡Para de sufrir!
Desde mi cumpleaños que no he parado. Primero fue el jueves 8 de septiembre mismo, con oncecita y comilona. Luego el jueves, tomando onces con mi Gaby que se pegó tremendo pique bajo la lluvia para ir a verme. Y después el viernes, no me acuerdo qué hice pero comí y tomé harto. Ni hablar del sábado, asado y mucho vino tinto.
Luego carrete tras carrete en casa de amigos varios, algún cumpleaños, salidas a comer con la Gaby, fiestocas y etc.
Por supuesto que me tomé la fonda Antumapu, tercera vez que voy y no destiñe. Se pasa re bien ahí, pero hay que ir con alguien y antes de cierta hora porque después los guardias piden identificación. Hasta bailé, cosa rara en mí.
Culminé el mes del patriotismo carretero en la fiesta Kitsch de la Blondie, esa disco de catacumbas simpáticas. Primera vez que voy, vi tanta fauna rara que amerita otro post.
Y por supuesto que el carrete desenfrenado pasa la cuenta. Había dejado de fumar, pero en la Blondie prendí varios puchos y con sólo estar allí quedé completamente ahumado. El trasnoche y el frío me bajaron las defensas, yo cacho.
Y ahora me cayó una mezcla de gripe y alergia al polen. Me ocurre todas las primaveras, es penoso y no tiene cura.
Mi primer recuerdo de alergia pa la cagá es en la Universidad, año 1999. Nunca antes había sufrido algo así y me cayó como bomba. Suele durar meses, me caga la onda, me debilita el cuerpo. Y se repite año tras año.
Siempre le había echado la culpa al plátano oriental. Sí, es el culpable, pero más peor es el álamo y su pelusilla asesina. El álamo me mata.
Lo bueno es que no me muero, sigo acá rezongando.

“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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