Hay muchas formas de prender el fuego para el infaltable asado, y ahora que se vienen las fondas y las festividades dieciocheras, no va faltar el que tenga la solución absoluta al problema de cómo prender el carbón.

Yo conozco una técnica, que si bien no es la pulenta número uno de los asados, nunca me ha fallado y requiere un mínimo esfuerzo y recursos.

Para lograr este objetivo necesitamos: una parrilla, carbón, una servilleta gruesa de papel, y aceite de cocina.

Ojo con las fotos:

1) Bolcán de carbón
Lo primero que se hace es armar un volcán con el carbón. Se levanta con cuidado, dejando una abertura no muy estrecha en su centro, siempre evitando que no se derrumble la cuestión.

2) Cucurucho
Luego se confecciona un cucurucho con una servilleta gruesa, de preferencia Nova, con forma de cala si se prefiere, apretando bien la parte inferior para que no se escape el “combustible” (En las siguientes fotos se aclarará a qué me refiero con “combustible”). E inmediatamente se inserta este cucurucho en la boca del volcán, lo más abajo posible, teniendo cuidado con no derrumbar la cuestión.

3) El Combustible
Acto seguido se vierte dentro del cucurucho una cantidad razonable de aceite de cocina. Que no rebalse, y no hay que exagerar. dos dedos de profundidad es más que suficiente. Ése es nuestro “combustible”, simple aceite de cocina. En la foto se ve verde porque usé pepita de uva, no tenía otro. Pero con el más económico está bien, de soja, maravilla, incluso de oliva pero ése despide un olor a aceituna que es maomeno fuerte, y además que es cara la cuestión.

4) Prendido
Y se enciende el cucurucho por uno de los bordes (secos) que sobresalen.

5) Ultraman Guaja
Este método tiene una explicación simple: el aceite es combustible, como la grasa. Nuestros antepasados lo usaban para iluminar sus habitaciones con lámparas tipo Aladín. Eso era simple aceite. Y la servilleta hace de mecha y mechero a la vez, lo que se consume es el aceite que se evapora, produce calor y fuego y prepara el carbón circundante hasta que lo enciende. Luego el volcán puede colapsar sobre el mechero, pero en ese momento ya estará como brasa, gracias a una servilleta y aceite de cocina.

Este truco no me lo dio el Dalai Lama a través de una cadena de correo. Me lo dijo mi sociate Sebastián Lajara una vez que fui a un asado en su casa y vi con asombro cómo usaban esa tecnología tan simple y limpia (porque no deja residuos tóxicos en el carbón). Ahí me contó que la había aprendido en esos días que salía a vender choripanes en la feria de Los Morros para juntar plata pa aguantar la cesantía, y que en una oportunidad que se estaba afanando en hacer maricones de papel enroscado y qué sé yo para encender el carbón, un transeúnte le dio el secreto. No sabemos quién se lo dijo a él, pero podría haber sido el mismísimo Alibabá.


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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