Como el doctor Chapatín... ¿Qué tenía en su bolsa?
Un sabio pelacables me dijo que si era capaz de dividir mis días en tres bloques de ocho horas, encontraría el equilibrio y no me faltaría tiempo para nada: Ocho horas para dormir, ocho horas para trabajar y ocho horas de ocio. En total, 24 horas que marca el reloj.
Ya, me dije al oir estas palabras. No es una teoría descabellada. Pero llevarla a cabo requiere de organización.
Duermo qué, cinco horas, seis… si tengo suerte y llegué muy cansado para quedarme dormido temprano y al día siguiente levantarme tarde, siete horas de sueño. Ocho, sólo cuando tengo demasiada suerte, o cuando estoy enfermo.
Pero supongamos que logro un promedio de ocho horas diarias. Sería bakán. Nada que discutir al respecto.
El asunto del trabajo es inevitable, de 9 de la mañana a 6.30 de la tarde, fijo. Ahora que tengo la pega de medio tiempo, más la universidad, más pitutos varios… sí, hago un poco más de ocho horas diarias de trabajo. Pero ya, digamos que ocho. Qué tanto.
Y con el ocio estamos mal. A veces practico la sacada de vuelta cuando trabajo. Eso es normal, sobretodo en un empleo público, pero en mi caso siempre pasó piola (y no era un empleado público). Pero se toma como tiempo de trabajo porque fue en horario de trabajo…
Así que las ocho horas restantes se van en ocio. Ahí incluimos las horas arriba de la micro, el metro y el colectivo, el rato esperando en el paradero, y la hora de almuezo. Y como hay que aprovechar ese tiempo muerto, a la hora de almuerzo suelo llenarme la panza. A que no. Y arriba de la locomoción colectiva, con excepción del colectivo, leo. Sí, agarro el libro que estoy leyendo y me bebo varias páginas, concentrado en mi lectura solamente, a veces levanto la vista para cachar dónde va la micro o para ver algo que valga la pena mirar. Incluso cuando suben los limosneros a decir “con el debido respeto que cada uno se merece”… incluso entonces sigo leyendo.
Conozco mucha gente que se marea si leen en la micro o el metro. Eso es porque no mantienen su foco de atención en lo que leen, y dejan que la periférica les contamine la percepción, lo que está delante está fijo y todo lo demás parece moverse. El mismo cuerpo responde a los vaivenes de la máquina. Así que se marean.
Y el resto del tiempo de ocio, qué hago? Pues, le chateo con mis amigotes, leo y escribo mails, si agarro una tele desocupada me instalo a ver algo, descargo películas y series y las veo (luego las borro). A veces, cuando me nace, escribo. Y la mayoría del tiempo como que trabajo, pero no es trabajo, aunque podría decirse que sí. Etá el boletines.cl, el vampiro.cl, y otros proyectos como LiteraDura, donde tengo mis cuentos, la página con noticias del Chagas que actualizo cuando me llega algo importante (y ha pasado un tiempo desde que han salido noticias del chagas y los avances para encontrar una cura), avanzo con mis pitutos, que sí es trabajo pero ya, mala cuea si es en tiempo de ocio.
Y lo que resta de tiempo me la paso comiendo. Qué rico es comer.

“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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