Semilleros, cuento de Daniel Guajardo
(Descargar cuento completo desde LiteraDura)

Es un cuento que escribí hace muchos años, en 1997, antes de descubrir que había una sala con computadores conectados a Internet, cuando la UNAB todavía tenía unos MAC muy arcaicos, pero que no fallaban.
Fue en uno de esos MAC que escribí el cuento, y mantenía el respaldo en un diskete con formato incompatible con Windows. Para rescatar el cuento sólo lo podía hacer desde otro MAC.
Recuerdo que tenía la idea bien clara en mi cabeza: un grupo de viajeros espaciales que escapaban de La Tierra devastada; un mundo habitable y fabuloso; el descubrimiento de algunas “incompatibilidades” con la fauna local; una terrible plaga; mi personaje principal se aleja de los demás y así descubre una raza inteligente de pequeños vegetales que son la ternura máxima; malos entendidos; una amenaza que viene desde muy lejos; y un final feliz.
Así mismo la escribí, once páginas. Y apenas terminé, la imprimí en una vieja impresora con matriz de puntos y hojas continuas, esas IBM escandalosas que todavía se usan en algunas partes para imprimir facturas.
Pasaron los años y el disco donde tenía el cuento sencillamente murió, no había MAC que pudiera leerlo. Pero tenía la copia impresa. Y con ayuda del escaner y un OCR digitalicé el texto lo mejor que pude. Luego tuve que reeditarlo, pero así me ahorré tener que tipearlo página por página.
Y a partir de entonces, creo que era el año 2000, retoqué el cuento una y otra vez, como suelo hacer con mis obras favoritas pero “imperfectas”, hasta que a principios de 2003 supe del concurso de cuentos de ciencia-ficción del fanzine chileno Fobos.
Hacía tiempo que había perdido la esperanza de quedar seleccionado en algún concurso de cuentos nacional, principalmente porque los que ganaban siempre solían ser (casualmente) apadrinados de alguien en el jurado, gente que participó en algún taller de ellos; y daba lo mismo qué seudónimo le pusieran al cuento, el jurado siempre sabía de quién se trataba. ¿Qué les iba a preocupar un gil anónimo que para peor escribía distinto a la “corriente” literaria en boga? ¿Y ciencia ficción? Nica.
Pero en este caso era distinto. Se trataba de un concurso de cuentos de ciencia ficción. Iba a competir con fanáticos como yo, gente que ha leído los mismos libros que yo ( o al menos varios) y que siente la misma necesidad de expulsar el exceso de imaginación por la vía literaria, antes que se cuele en lo cotidiano.
Entonces concursé. No gané, pero quedé seleccionado entre los que serían publicados. Se me llenó el cuerpo de orgullo, y cuando por fin tuve el libro en mis manos (y al ver que había al menos dos errores de tipeo de mi responsabilidad) sentí que había cumplido uno de mis sueños más anhelados: publicar y ser leído por otras personas.
Por supuesto, como ocurre con toda persona ambiciosa, esa pizca de reconocimiento me hizo desear más, y más, y mucho más…
Claro que no soy tan rollero. Con los pies bien puestos en el suelo, sé que algún día lograré el reconocimiento que merezco. No me interesa ser famoso ni que me persigan fanáticas adolescentes que desean mi autógrafo a toda costa. Mi único interés es que alguien, cualquier persona, vea un libro mío en alguna tienda, lea mi nombre, y sin saber de qué se trata lo compre porque le gusta lo que escribo, o porque leyó algo mío y quiere leer más, o porque alguien le recomendó esa lectura.
El cuento Semilleros adolece de ser infantil. La caricatura al principio de este log es mía y refleja el espíritu de la obra, aunque al leerla aparezcan temas más “complicados” para un público infantil, como la muerte de un ser querido.
Y desde que leí los últimos tres libros de Harry Potter, una extraña noción se ha apoderado de mi ambicioso corazón de escritor: la historia da para más.
Y así lo decidí. La historia troncal sería la misma: el viaje, la colonización, los semilleros, etc… pero la forma cambiaría totalmente. Más personajes, historias paralelas, algo de intriga, suspenso, humor… YO SÉ QUE PUEDO.
Quizá me demore un largo tiempo en comenzar a escribir. No es llegar y teclear. Hay que planificar, mapear la historia, definir los personajes, la profundidad de sus caracteres y cómo influirán en el culebrón. Y una vez que comience, podría demorar varios meses en terminar. Y una vez que termine, podrían pasar años antes de quedar medianamente satisfecho con el resultado final.
¿Pero quién está apurado?


“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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