Artemia Salina
De los cuentos publicados en LiteraDura, éste fue el último que escribí y el primero que di por terminado, antes incluso que Semilleros. Comencé a escribirlo el 2001, durante el proceso de redacción del anteproyecto de tesis. No había otra prioridad en mi vida, estaba soltero, trabajaba en el DiarioPyme y ganaba el vuelto del pan, así que tenía que ocupar todo ese tiempo ocioso en algo.
Partí con el nombre, “Artemio Salinas”. Hace poco busqué ese nombre en el google y efectivamente hay personas que se llaman así!!! Pero sólo es un alcance de nombre. En el caso particular de este cuento, Artemio Salinas proviene del nombre de una extraña criatura que vive en los charcos salados del norte de Chile, la Artemia salina, bulgarmente conocida como Sea Monkeys.
Tenía el nombre, y solita e vino la historia. Un tipo viejo, muy anciano, eminencia en el pueblo donde vive, es despertado en medio de la noche porque ha habido un asesinato.
A partir de entonces el nombre del personaje fue secundario. Me dediqué a escribir nomás, el viejo va y se encuentra con un asesinato fingido, que luego resulta ser real, pero nada es como aparenta.
Nunca leí nada de la Agatha Christie, recuerdo algo de Poe y un mono con navaja, recuerdo las películas donde juntaban a todos los sospechosos en un salón y el asesino era desenmascarado. Recuerdo el paradigma del mayordomo culpable. Pero sobre todo, recuerdo un curso electivo en la Universidad donde analizamos y leímos mucha novela negra. Fue como despertar después de un sueño plano que no vale la pena recordar.
La novela negra tiene su centro de gravedad no en la historia, que si bien guia al lector, lo lleva por los caminos del intertexto y la interpretación de sentido. Una buena novela negra puede ser fabulosa y absorbente, pero bajo la lupa del entendido puede ser algo absolutamente opuesto a la historia que se narra.
Y la novela negra es algo tan complicado que ni yo me siento capaz de seguir ese camino. El cuento Artemio Salinas fue un intento. Dejé varias pistas acerca del mundo donde vivían, que podría ser nuestro mundo como podría ser cualqier otro.
Y en la medida que voy contando una historia, el presente, intercalé otra historia del pasado, otro crimen, otra culpa.
Y el final me desconcertó cuando lo escribí. Sí, así fue. Me salió sin pensar. El cuento estaba a la mitad y una noche del 2003 lo encontré, lo leí y me pareció que era tan bueno que no merecía quedar inconcluso. Y me lancé a escribir.
Esa vez me acosté a las 5 de la madrugada y al día siguiente tenía que trabajar. Recuerdo haberme tirado en la cama y sentir cómo mi cuerpo temblaba por el agotamiento. Escribir no es un trabajo ocioso, demanda concentración y buena postura.
Semanas después lo releí, corregí algunas pifias y lo imprimí. Mi Gaby fue la primera en leerlo.
Desde entonces lo corregí una sola vez, antes de inscribirlo en el registro del derecho de autor. Luego le di licencia CreativeCommons y lo subí para libre distribución. Desde julio de 2005 lo han descargado al menos una vez por día, sin contar los fines de semana y festivos.
Espero pronto subir otra tanda de cinco cuentos, antes que me quede sim plata. La inscripción en el derecho de autor no sale barato. Quiridi.

“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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