Era noviembre de 2001, ceremonia de titulación de los egresados de Periodismo de la Universidad Nacional Andrés Bello (UNAB).
Mis compañeros y amigos con los que había entrado a la universidad se titulaban (la mayoría, en realidad). Yo había egresado el 2000 y estaba recién iniciando el proceso de elaboración del proyecto de tesis.
Y por supuesto yo estaba allí para apoyarlos, y no recuerdo si alguien me dijo antes o ese mismo día, pero debía estar pendiente porque Cubillos iba a hacer “algo”.
Víctor Cubillos era un tipo afable, simpático, solíamos conversar y hacer trabajos juntos. Me caía bien este Cubillos. Y también era un tipo rebelde, con su causa bien clara: quería ser cineasta.
Tras darse cuenta que los cinco años estudiando periodismo, más el año desarrollando la tesis, no le iban a servir de nada en su ambición, y luego de tomar la decisión de irse a Alemania a cumplir su sueño… llegó a la conclusión que un último acto de rebeldía era necesario.
Por supuesto que no se sintió nervioso ni nada, siempre tuvo esa seguridad ante el público y no tenía nada que perder. Además tenía nuestro apoyo.
Esperamos el momento con ansiedad. ¿Qué va a hacer? Un amigo de Cubillos lo grabó todo en video. Víctor subió al estrado y contuve la respiración.

1.- Primero la recepción del diploma, la medallita y la foto con el Rector de la universidad Joaquín Barceló, y el Decano de Periodismo en esa época, Jaime Salvatierra.

2.- Luego lo que esperábamos, no bajó del estrado sino que se dirigió al público. Éstas fueron sus palabras: “señores, quiero aprovechar esta oportunidad para expresar mi insatisfacción frente a esta universidad y la educación que recibí”.

3.- Y continuó: “no quiero faltar el respeto a nadie, pero esto para mi significa nada”. En ese instante hizo algo que nos sorprendió a todos, incluso a los que sabíamos que haría “algo”. Rompió los diplomas, saltó del estrado y caminó sin mirar atrás por entre el público y los “apoderados” hasta salir del salón, seguido de abucheos y gritos de incalculable rabia, más uno que otro aplauso.

Los presentadores intentaron que el incidente se olvidara continuando con la ceremonia. Más tarde Herranz, conocido secuas de Cubillos, era llamado al estrado. Antes de subir le habían solicitado que “por favor” no hiciera nada. Pero Herranz tenía otros planes, puso una cara infame, subió al estrado, recibió las condecoraciones y el diploma, se sacó la foto, siempre con esa cara sospechosa, y al momento de bajar se detuvo, miró al público, levantó un dedo… y siguió su camino sin decir palabra. Hubo risas en el público y el ambiente al fin se relajó. Pero la ceremonia ya estaba marcada indefectiblmente.

¡INSATISFACCIÓN!, ése era el mensaje. Y Cubillos no era el único que se sentía así. Todavía no teníamos la autonomía. Habíamos sufrido dos paros durante nuestros primeros años en la carrera por razones académicas. En muchas oportunidades simplemente desaparecieron todos los profesores que creíamos que nos podían enseñar algo, y los reemplazaron por gente que no conocíamos salvo por su afinidad política. La UNAB tenía el canal ABT y no importaba cuántos proyectos se presentaran, prevalecieron los proyectos de algunas personas cercanas a la directora de escuela. Intentaron aplicarnos una nueva malla curricular retroactivamente en dos oportunidades. Nos querían mover a la Casona de las Condes, lejos de todo. Fueron años de lucha diplomática y mucha frustración.

Pero a pesar de todo, yo estaba satisfecho. Había logrado mis principales (y quizá únicos) objetivos: madurar como persona, entender mejor el mundo y encontrar un camino para mi posterior desarrollo. Ahora, quién me viera y quién me ve, trabajo en esa misma sede de la UNAB donde pasé casi siete años, pero ahora hago clases a los chiquillos de primer año.

Cubillos se fue a Alemania, a trabajar primero y perfeccionar su alemán, y varios años después logró su objetivo de entrar a estudiar cine… no sé a qué universidad, pero de seguro que se metió a la más ruda y sanguinaria. Víctor siempre fue un cinéfilo pelacables, se vió Solaris de Tarkovsky tres días seguidos en el Cine Arte Normandie (esa película dura tres horas y las butacas son muy incómodas). Sólo espero algún día ver una película suya y no quedarme dormido.

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