Escribo este recuerdo con la esperanza de ayudar a todos loa adolescentes tímidos del mundo!
Tenía doce o trece años, iba en segundo medio en “la isla” (también conocida como Chilean Eagles College, el único colegio de la florida donde estudiaba “la elite”; todos los otros colegios circundantes estaban llenos de repitentes; eso creíamos, ja! EL CHILEAN ES EL PEOR LICEO DE LA FLORIDA! Muy pocos salieron con preparación suficiente para sobrevivir a lo que viene después del colegio, los “estudios superiores”. Muy pocos sacaron suficiente puntaje en la PAA como para estudiar algo después. Y aún así nos creíamos la raja.)
Todas las mañanas me iba al Chilean el el recorrido “Recoleta/Lira”, que luego pasó a ser el nº179, y que ahora ya no existe POR CHANTA. Por entonces era mi única opción vehicular, así que me tocaba pasar por las zonas más peludas de San Joaquín y La Granja, más de alguna vez llegué sin zapatos porque me los robaban en esa micro.
Pero la mayoría del tiempo era un viaje apacible y lento. Me iba sentado y relajado.
Y un día, no recuerdo cuándo me di cuenta, una niña muy linda subió a la micro y se bajó conmigo en el colegio. Meh! Derrepente la veía en los pasillos, pero seguro que la veía en la micro cuando me iba de regreso para la casa.
Tatiana era su nombre. Y así como le ocurre a todo el mundo, de tanto verla y pensar en ella, me enamoré. Puta el weón platónico, era la tercera vez que caía enamorado. Y algo que para todo el mundo era motivo de alegría o esperanza, para mí era causa de profundo dolor, depresión y telepatía.
Sí, TELEPATÍA. Era tan, pero tan tímido, que cuando ella subía a la micro yo usaba mi telepatía y le pedía que se sentara a mi lado. Era tal mi convicción de que la telepatía surtiría efecto, que la usaba TODO EL DÍA.
Por supuesto no funcionó. Cuando me paraba a esperar la micro, casi siempre sentía que me estaba mirando y al darme vuelta instintivamente, allí estaba, mirándome con una expresión que apenas veinte años después he podido descifrar: yo le gustaba.
¿Pero qué iba a saber un idiota telépata como yo de esas cosas? Si esperaba que oyera mis súplicas silentes, ni cagando me iba a dar cuenta de lo que ella intentaba decirme.
Un día cuando esperaba la micro, me habló. Ahí casi me morí. Llegó la micro y ella subió, pero me quedé abajo con una excusa tan weona que ni quiero recordar. Y esa fue, probablemente, mi última oportunidad.
Seguí usando la telepatía, pero nunca funcionó. A ella le gustó otro tipo después. Espero que sea feliz.
Y aunque me acuerdo de ese periodo triste de mi vida (de ahí para adelante todos los “momentos” románticos fueron tristes, debo decir), la melancolía no podía durar para siempre. Así conocí a mi Gaby, resignado a estar SOLO el resto de mi vida. Apenas tenía 26 años y ya estaba pensando en que la soledad era la única opción.
Ahora no me imagino solo. Mi Gaby es la culpable. Pero es mejor así. Ahora sy feliz.
Por eso: NO A LA TELEPATÍA. Créeme, no funciona.

“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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