Tres golpes a la puerta y un grito ahogado por el trueno. Despierto sobresaltado, la pesadilla se repite noche tras noche, el gato sobre la chimenea, el retrato de Amada…

Tres golpes más a la puerta. Ahora el grito se oye con claridad, ¡Don Artemio, se lo necesita en el pueblo!

Siento un hielo en el pecho, nunca me despiertan para hablar de lo hermosa que es la vida…

Me visto con el traje de cuero, sombrero de ala ancha bien anclado a la cabeza y maletín con utensilios. Desciendo mis escaleras sin apuro. Abro mi puerta y veo al chicuelo que me trae la leche en las mañanas, Julio.

-¡Don Artemio!- jadea de pie bajo la lluvia.- La viuda Prisma… su casa se estaba incendiando… tiene que venir, la gente del pueblo dice que usted sabe de estas cosas…

Otro hielo en mi pecho, extendiéndose como una enfermedad. Lívido salgo a la lluvia y recorro mi sendero entre los árboles, siguiendo al chico que va descalzo y sin más protección que su sombrero de paja agujereado.

La viuda Prisma es una mujer con cuatro décadas de belleza, madre de tres nonatos enterrados en su patio. Aún a su edad es objeto de admiración entre los hombres y envidia de las mujeres, blanco de los chismes más osados. Su difunto, Dagoberto Boscoso, un día amaneció gris y maloliente, como si llevara semanas muerto.

En el recodo del sendero está el cantinero balanceando una linterna sobre su cabeza para guiarnos en la oscuridad. El hombre sordo, de cabeza cana y manos como de piedra, tiene una expresión de fatalidad escalofriante.

Llegando al pueblo veo una multitud de rostros curiosos y aterrados recibiéndome con alivio, protegiéndose de la lluvia con sombreros improvisados, platos y bandejas. Las caras más antiguas reproducen fielmente la expresión del cantinero.

Nadie dice nada. La casa de la viuda es la tercera de la derecha desde allí, junto al riachuelo que fluye a punto de desbordarse. Los pobladores me cierran el paso, dejando un angosto camino que conduce inevitablemente a la puerta abierta de esa casa.

El cantinero me entrega su linterna y se queda junto a la puerta sosteniendo a Julio, que se muere por acompañarme.

En un parpadeo la veo otra vez, Amada en su lecho, escupiendo sangre, muriendo en mis brazos, sus ojos claros manchados por el dolor y la angustia.

La casa está vacía de muebles, tal como la recuerdo de mi última visita. A mi derecha hay un comedor por cuyos ventanales veo una docena de linternas en la calle. Junto a la puerta una angosta escalera sube a los dormitorios. Más adentro atisbo la cocina y al final del pasillo, el lavadero, símbolo inequívoco de estatus: un lavadero dentro de la casa significa acarrear baldes con agua y hombres que lleven los baldes desde el riachuelo. Más chismes que hablan de la generosidad de la viuda con sus anónimos benefactores.

Subo por la escalera lentamente, mis piernas como ramitas a punto de quebrarse. Huele a quemado y a otras cosas que no puedo determinar. Asomo la cabeza al segundo piso y veo un gran orificio en el suelo al final del pasillo.

Al llegar arriba quedo petrificado. En el techo, cubierto con hollín, aún pueden leerse dos palabras escritas con sangre. Sé que es sangre. No necesito más pistas para saber lo que dice.

Quince días.

Tengo quince días para encontrar a la viuda. Pero ya sé que está muerta.

Recorro el lugar con la linterna. El agua había escurrido por el pasillo hasta el agujero en el piso, por donde se ve el cuarto de lavado.

No necesito recorrer más. En un florero debe haber un anillo… allí está el florero y el anillo de la viuda en su interior. Pero la viuda odiaba las flores dentro del hogar, sólo las cultivaba en su patio, sobre las tumbas de sus hijos.

Alguien está copiando un crimen antiguo, alguien que sabe demasiado.

Al bajar noto entre dos escalones mojados, a un lado de una lámpara chamuscada, un mechón de cabello anudado con lana roja. ¡Maldición!

Amada radiante de felicidad el día de nuestro matrimonio. Amada llorando a escondidas en la cocina. Amada escribiendo en su diario. Amada muriendo de esa manera tan horrible…

Así comienza este cuento, que podría clasificarse cono distopía o ucronía o steampunk o no sé… es una realidad alterna, eso es seguro.
Puede leerse completo ACÁ.

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