Sí, vi Machuca. Y la vi tenso. Mucha gente que vivió esa época me ha dicho que “las cosas eran así”, que la intolerancia era pan de cada día y que la gente no es muy distinta hoy.
La vi tenso porque Santiago de Chile era así, porque la gente pensaba así. La escena de la reunión de apoderados en la capilla habla claro. El pelota nazi con el “chaco” bajo el ala… ése sí que me cagó de miedo.
En la película las fuerzas armadas salen casi impunes, como un instrumento más de civiles codiciosos. Todos sabemos que no había abastecimiento porque los que abastecían tenían todo guardado. Las pitucas haciendo cacerolazos y cantando el himno mientras los aviones bombardeaban la Moneda. Eso fue aterrador. Ni hablar de la cacería de perros o las mochas en plena Ahumada.
La historia del joven Pedro Machuca es casi anecdótica, brilla menos que la amiga chora, que era la otra cara de la intolerancia: la ignorancia. Ignorancia y rabia por todo lo que no tenían, por ese estigma de ser pobre.
El discurso del padre de Machuca fue doloroso. Y la mamá del pelirrojo con el argentino… ¿Qué onda? Por eso cuando la chora chica le decía al niño “tu mamá es puta” con tanta rabia… sonaba a verdad.
Era un Chile extraño que alcancé a vivir en los 80′, pero que no conocí. “Momios, junten miedo” decía un rallado de muralla. Y los titulares de los diarios… Ahora todavía se nota el “bando” de cada medio de comunicación, pero es menos extremo.
¿Escuché a Claudio Sánchez entrevistando a un milico que tenía el fusil de Allende apenas horas depués del golpe?
Tal vez la Lista de Shindler es dolorosa, pero Machuca me cagó la onda. Ahora al ver a los viejos de la derecha siento pánico, con mayor razón votaría en contra. Y si la concertación me huele a corrupta (como viene oliendo desde hace algún tiempo), bueno… “anula con la tula”.

“Lo que nunca he tenido…
Falta no me hace”

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